Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy  lunes 1 de agosto de 2022 «Lectio Divina»

“Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas”

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San Alfonso María de Ligorio, Obispo y Doctor de la Iglesia

El Señor lo colmó del espíritu de sabiduría y de inteligencia, y lo revistió de su gloria, para que anunciara su palabra en medio de la Iglesia.

Eclo 15, 5

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Audios Originales de: https://panversia.com/

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías  

Jer 28, 1-17

1 Al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá, siendo el quinto mes del cuarto año, Ananías, hijo de Azur, que era un profeta de Gabaón, habló así a Jeremías en la Casa del Señor, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo: 2 «Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ¡Yo he quebrado el yugo del rey de Babilonia! 3 Dentro de dos años, devolveré a este lugar los objetos de la Casa del Señor que Nabucodonosor, rey de Babilonia, sacó de este lugar y se llevó a Babilonia. 4 Y también a Jeconías, hijo de Joaquím, rey de Judá, y a todos los deportados de Judá que fueron a Babilonia, los haré volver a este lugar –oráculo del Señor– cuando yo quiebre el yugo del rey de Babilonia».

5 Entonces el profeta Jeremías se dirigió al profeta Ananías, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo, que estaban de pie en la Casa del Señor, 6 y el profeta Jeremías dijo: «¡Amén! ¡Que así lo haga el Señor! Que el Señor cumpla tus palabras, las que tú has profetizado, haciendo volver los objetos de la Casa del Señor y a todos los deportados, de Babilonia a este lugar. 7 Sin embargo, escucha bien esta palabra que yo digo a tus oídos, y a los oídos de todo el pueblo: Los profetas que nos han precedido desde siempre, a mí y a ti, profetizaron la guerra, el hambre y la peste a numerosos países y contra grandes reinos. 9 Pero si un profeta profetiza la paz, sólo cuando se cumple la palabra de ese profeta, él es reconocido como profeta verdaderamente enviado por el Señor».

10 El profeta Ananías tomó la barra que estaba sobre el cuello de Jeremías y la quebró.

11 Luego dijo, en presencia de todo el pueblo: «Así habla el Señor: De esta misma manera, dentro de dos años, yo quebraré el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que está encima del cuello de todas las naciones».

Y el profeta Jeremías se fue por su camino. 12 Después que el profeta Ananías quebró la barra que estaba sobre el cuello del profeta Jeremías, la palabra del Señor llegó a Jeremías, en estos términos: 13 «Ve a decirle a Ananías: Así habla el Señor: Tú has quebrado barras de madera, pero yo pondré en lugar de ellas barras de hierro. 14 Porque así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Yo he puesto un yugo de hierro sobre todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y ellas lo servirán; hasta los animales del campo se los he dado». 15 El profeta Jeremías dijo al profeta Ananías: «¡Escucha bien, Ananías! El Señor no te ha enviado, y tú has infundido confianza a este pueblo valiéndote de una mentira. 16 Por eso, así habla el Señor: Yo te enviaré lejos de la superficie del suelo: este año morirás, porque has predicado la rebelión contra el Señor». 17 El profeta Ananías murió ese mismo año, en el séptimo mes.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

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Salmo Responsorial

Sal 118

R/. Instrúyeme, Señor, en tus leyes

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad. R/.

No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos. R/.

Vuelvan a mí tus fieles
que hacen caso de tus preceptos. R/.

Sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado. R/.

Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus preceptos. R/.

No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruído. R/.

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Evangelio

Lectura del santo evangelio según San Mateo

Mt 14, 13-21

“Tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud”

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13 Al enterarse de la muerte de Juan, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. 14 Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.

15 Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». 16 Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». 17 Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». 18 «Tráiganmelos aquí», les dijo.

19 Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dió a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. 20 Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. 21 Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

“Ve a la multitud y Jesús siente compasión y cura a los enfermos. Compasión entrañable o misericordiosa de Él ante la gente”

Hoy recordamos a san Alfonso María de Ligorio, quien naciera en el entonces reino de Nápoles, Italia, el 27 de setiembre de 1696. Llegó a estudiar derecho y filosofía y ordenado sacerdote en 1726, dedicándose a la atención pastoral de los habitantes de los barrios pobres de Nápoles, a pesar de que tenía profundamente el espíritu misionero hacia tierras lejanas. Cuentan que en 1730, mientras se recuperaba de una enfermedad, se encontró con los pastores pobres de las montañas, que notó estaban abandonados humana y espiritualmente; este tema, y los pobres del mundo entero, le impulsó a fundar la Congregación del Santísimo Redentor, conocida como los Redentoristas. Se lo nombró obispo en 1760, muriendo con olor a santidad el 1 de agosto de 1787. Se destacó por su amor a la Eucaristía, la Penitencia y el espíritu misionero. Tenía un vínculo súper especial con la Virgen María, donde se destaca una obra suya: “Las glorias de María”. Sus tratados sobre Teología Moral son referencias entre los expertos. Es patrono de los confesores y moralistas.

El Reino de Dios, es la presencia de Jesús en medio nuestro; invitándonos a cómo tenemos que reaccionar ante su llegada. La respuesta es: con lo más valioso y lindo de la vida y estar dispuesto a renunciar a todo para poseerlo. Hoy nos preguntamos si hemos tenido un encuentro personal con el Señor Jesús, que da sentido a todo lo que somos y tenemos. Sólo Dios puede plenificar nuestro corazón, pues muchas veces queremos llenarlo con cosas, o incluso con personas, pero el vacío sigue allí. Nada puede llenarlo, sino sólo Dios. ¡Qué bien lo expresaba san Agustín al inicio de sus confesiones!: “Nos hiciste, Señor, para Ti; y nuestro corazón estará inquiero hasta que descanse en Ti” (Confesiones 1,1).

El Evangelio de hoy inicia refiriendo a la retirada de Jesús luego de que se enterase que Herodes mandó matar a Juan Bautista (cf. Mt 14,12). Jesús interpreta el fallecimiento del Bautista como el signo que confirma que Israel rechaza su predicación y, por ende, como la clausura de una etapa de la historia de la salvación. Podemos decir así: “la Ley y los profetas” llegan hasta Juan Bautista y con su muerte se inicia la etapa del cumplimiento (cf. Mt 11,13). Mateo le presenta a Juan como el Elías que vino a preparar el camino de la venida del Mesías (cf. Mt 17,10-13), pero las autoridades de ese momento no creyeron en él (cf. Mt 21,32). Incluso Jesús cuando Juan Bautista era arrestado, se retiraba a Galilea iniciando su predicación a Israel (cf. Mt 4,12). Encontramos que Jesús se retira en la barca buscando un lugar desértico para estar a solas, para tener privacidad. Ciertamente también se puede interpretar como una reacción ante el asesinato de Juan Bautista.Ve a la multitud y Jesús siente compasión y cura a los enfermos. Compasión entrañable o misericordiosa de Él ante la gente es el motor de todo lo que hará: curar a los enfermos y alimentar a los hambrientos. Se tiene un diálogo entre Jesús y sus discípulos, quienes sugieren que despida a la multitud para que busquen en los poblados a comprarse algo para comer. Jesús les responde con un verbo imperativo “denles ustedes de comer”. Pero cuentan sólo con “cinco panes y dos pescados”. Notemos que “pan y pescado en sal o en escabeche como aditamento son la comida habitual de la gente modesta” y que la cantidad es prácticamente nada en relación con el número de comensales: unos “cinco mil hombres sin contar mujeres y niños” nos dirá Mateo al final del relato (14,21). Sin embargo, Jesús manda que se los traigan; y manda también que la gente se siente en el pasto.

En cuanto a la narración del milagro en sí, con una multiplicación sobreabundante de panes, puede verse como cumplimiento de algunas profecías del Antiguo Testamento que anunciaban una situación donde todos quedarán saciados por Dios (cf. Is 49,10.13;Is 55,2-3). Las acciones y gestos de Jesús se describen con los mismos verbos que en la última cena al instituir la Eucaristía (“tomar los panes y los peces, bendecir, partir el pan y dárselo a los discípulos” se repite en Mt 26,26: “tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo”); por lo que es aceptable una referencia simbólica a la Eucaristía. Para referirse a la “saciedad o satisfacción” de los comensales en Mt 14,20 se refiere a “llenarse o saciarse de comida” como en este caso y en Mt 15,33.37; pero que tiene también un sentido más amplio, espiritual, como en la bienaventuranza de Mt 5,6: “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”. Aquí el hambre y sed de la justicia comprende el querer profundo y vital de hacer todo según la Voluntad de Dios; y el ser saciado se refiere a toda la plenitud -ser llenado- de Vida. Por tanto, desde este contexto del Antiguo Testamento, podemos afirmar que la saciedad obtenida al comer los panes multiplicados por Jesús es un signo de la saciedad como plenitud de vida que el Señor ofrece a todos los creyentes

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