Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy  martes 2 de agosto  de 2022 «Lectio Divina»

“Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios”

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San Eusebio de Vercelli, Obispo. San Pedro Julián Eymard, Presbítero (ML)

Líbrame, Dios mío. Señor, ven pronto a socorrerme. Tú eres mi ayuda y mi libertador; no tardes Señor.

Sal 69, 2. 6

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Audios Originales de: https://panversia.com/

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías  

Jer 30, 1-2. 12-15. 18-22

1 Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: Así habla el Señor, el Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que yo te he dirigido, 12 Porque así habla el Señor: ¡Tu herida es incurable, irremediable tu llaga!

13 Nadie defiende tu causa, no hay remedio para tu herida, tú ya no tienes cura. 14 Todos tus amantes te han olvidado, no se interesan por ti. Porque yo te he golpeado como golpea un enemigo, con un castigo cruel, a causa de tu gran iniquidad, porque tus pecados eran graves. 15 ¿Por qué gritas a causa de tu herida, de tu dolor incurable? A causa de tu gran iniquidad, porque tus pecados eran graves, yo te hice todo esto. 18 Así habla el Señor: Sí, yo cambiaré la suerte de las carpas de Jacob y tendré compasión de sus moradas; la ciudad será reconstruida sobre sus escombros y el palacio se levantará en su debido lugar. 19 De allí saldrán cantos de alabanza y risas estridentes. Los multiplicaré y no disminuirán, los glorificaré y no serán menoscabados.

20 Sus hijos serán como en los tiempos antiguos, su comunidad será estable ante mí y yo castigaré a todos sus opresores. 21 Su jefe será uno de ellos y de en medio de ellos saldrá su soberano. Yo lo haré acercarse, y él avanzará hacia mí, porque si no, ¿quién se atrevería a avanzar hacia mí? –oráculo del Señor– 22 Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor

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Salmo Responsorial

Sal 101,16-18.19-21.29 y 22-23 

R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sion, y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones.  R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia.
Para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor. R/.

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Evangelio

Lectura del santo evangelio según San Mateo

Mt 14, 22-36

“Señor, sálvame”. En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: “Hombre de poca fe”

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En aquel tiempo, luego de la multiplicación de los panes, Jesús 22 obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 23 Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

24 La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. 25 A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. 27 Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman».

28 Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». 29 «Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. 30 Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». 31 En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».

32 En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. 33 Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios». 34 Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. 35 Cuando la gente del lugar lo reconoció, se difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, 36 rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

“SI JESÚS ESTÁ EN LA BARCA DE NUESTRA VIDA, HABRÁ ARMONÍA Y NOS IREMOS A PUERTO SEGURO”

Eusebio nació en Cerdeña (Italia) a principios del siglo IV. Fue a Roma a buscar su progreso material y se encontró con la fe. Luego de recibir el bautismo tomó el nombre de Eusebio en honor de quien lo bautizó. Al poco tiempo, fue ordenado sacerdote y elegido obispo de Vercelli en el año 345. Defensor de los postulados que se proclamaron en el Concilio de Nicea, fue apresado y encadenado por los herejes, quienes lo enviaron a Palestina. Una vez liberado, se dedicó, junto a Hilario de Poitiers, a sanar las heridas dejadas por las luchas internas. Murió en Vercelli en el año 371”. “Pedro Julián Eymard experimentó desde muy pequeño el llamado al sacerdocio. Se formó en distintas congregaciones religiosas, hasta que, motivado por una moción interior, fundó la congregación del Santísimo Sacramento. Llevó adelante su tarea pastoral entre los obreros y en las cárceles, en una época de gran turbulencia política y social en Francia. Murió en el año 1868”

(La Liturgia Cotidiana, Edit. San Pablo, 02/08/2022, pág. 19).

Al caminar Jesús sobre las aguas, se muestra como el Señor del mar. Se da a conocer como el Mesías a la muchedumbre, pero como el Hijo de Dios a sus discípulos, que lo hicieron desde un proceso de crecimiento en la comprensión de su Presencia y la respuesta de su fe en Él. En el AT, aunque sea en textos poéticos, se describe la soberanía de Yahvé quien domina sobre las olas del mar: “por el mar fue tu camino, por las grandes olas tu sendero” (Sal 77,20); “camina sobre las alturas del mar” (Job 9,8). Si Jesús camina sobre las aguas está en el mismo nivel que Yahvé, manifestando su divinidad. Aunque si bien es verdadero Dios, también es verdadero hombre, con la necesidad de pasar horas de oración, como los mortales ante Dios.

Después del servicio, era necesario un momento íntimo con el Padre en un ambiente profundo de oración. Nos enseña a priorizar en nuestro caminar experiencias fuertes de encuentro con Dios. Ese diálogo en intimidad con el Señor nos ayudará a saborear mejor cada día su voluntad, desde esa sabiduría que nos irá regalando poder profundizarla. Pero también nos enseña a dedicar tiempo de calidad a cada persona que ha sido un regalo en el camino de la vida. No existe nadie que no sea importante en el encuentro que podamos tener con alguien, aunque parezca no tener importancia. Siempre cada persona será un regalo de Dios. La barca representa a la Iglesia, donde los discípulos iban en medio de las fuerzas del mal, representadas éstas por la tempestad y el mar. Siempre la Iglesia estará en medio de adversidades y persecuciones. Cuando Jesús camina sobre esas fuerzas nos enseña que Él tiene el verdadero poder y nos invita a que esperemos en paz con su presencia. Hay veces que tenemos mucho miedo a enfrentar los fantasmas de la vida, pero quien nos dará la seguridad será Jesús. Les dice: “Tranquilícense, soy yo; no teman”.  Hay veces inclusive teniéndolo en medio, seguimos con nuestras inseguridades porque nos faltó dar el salto de la confianza plena en Él.

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (cf. Rom 8,31), nos decía san Pablo. En un momento, Pedro al verle al Señor, le pide que le dé esa seguridad para que vaya hacia él, pero los problemas del entorno, la tempestad y las olas, hicieron que dudara, lo que generó que se vaya hundiendo. Por eso gritó: “Señor, sálvame”, teniendo la seguridad que siempre Jesús le estará tendiendo la mano.  Aparentemente Pedro pone más su fe en el milagro que en la Persona y la Palabra del Maestro, el Señor de los milagros. Por tanto, es fundamental que no vengamos detrás de los milagros, sino detrás del Señor de los milagros. Aunque vemos que el problema es mucho más grande de nuestras posibilidades, tengamos la inteligencia de acudir a Él quien nos dará una mano para no hundirnos. Porque Pedro dudó le recrimina diciendo “hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”, ya la duda hizo que se sintiera inseguro para seguir adelante. Nos deberíamos preguntar de qué cosas dudamos en la vida, y si verdaderamente Dios está y estará presente cuando afrontemos problemas bien serios a resolver. Subieron Jesús y Pedro a la barca y vino la calma, llegó la paz. Si Jesús está en la barca de nuestra vida, habrá armonía y nos iremos a puerto seguro. Por eso, el gesto de postración de los discípulos ante la presencia del Señor, es de adoración y reconocimiento de que es el Mesías. Y más todavía porque al desembarcar le llevaron a los enfermos para que los sanara. La Presencia y la Palabra de Jesús traen sanación, curación, liberación y conversión. Es Él quien nos trae alegría y esperanza, quien de verdad nos da la fortaleza en el amor.

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¡Viva María!

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