Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy  lunes  22 de agosto  de 2022 «Lectio Divina»

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”

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La Santísima Virgen María, Reina (MO)

La Reina está de pie, a tu derecha, con un vestido precioso, rodeada de esplendor.

Sal 44, 10
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Audios originales tomados de: panversia.com

Primera Lectura

Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses     

2 Te 1, 1-5.11b-12

1 Pablo, Silvano y Timoteo saludan a la Iglesia de Tesalónica, que está unida a Dios, nuestro Padre y al Señor Jesucristo. 2 Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios Padre y del Señor Jesucristo.

3 Hermanos, siempre debemos dar gracias a Dios a causa de ustedes, y es justo que lo hagamos, porque la fe de ustedes progresa constantemente y se acrecienta el amor de cada uno hacia los demás. 4 Tanto es así que, ante las Iglesias de Dios, nosotros nos sentimos orgullosos de ustedes, por la constancia y la fe con que soportan las persecuciones y contrariedades. 5 En esto se manifiesta el justo Juicio de Dios, para que ustedes sean encontrados dignos del Reino de Dios por el cual tienen que sufrir.

11 Pensando en esto, rogamos constantemente por ustedes a fin de que Dios los haga dignos de su llamado, y lleve a término en ustedes, con su poder, todo buen propósito y toda acción inspirada en la fe. 12 Así el nombre del Señor Jesús será glorificado en ustedes, y ustedes en él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo Responsorial

Sal 95,1-2a.2b-3.4-5

R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

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Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas

(1,26-38)

“No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús

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“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el ángel se alejó.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Lo único que nos queda decir es gracias a Dios por el sí de María y por su confianza plena en la voluntad del Señor”

“María es la madre del Rey y Señor de la Historia. Este rey viene para liberar y para devolver a cada hombre y a cada mujer su propia dignidad de reyes y reinas. Así como en el Antiguo Testamento los reyes eran ungidos con el óleo santo para ejercer su función, así fue ungido Jesucristo, y en él somos ungidos el día de nuestro bautismo. En María celebramos, en primer lugar, este don de la realeza que nos asocia a Cristo” .

(La Liturgia Cotidiana, 22/08/2022, pág. 71)

Para nosotros, del

Paraguay -y del mundo entero-, tierra de María, nos inunda de alegría poder celebrar la fiesta de la Bienaventurada Virgen María, Reina. Ciertamente con los años se la ve con la realeza de los seres humanos en la tierra, pero su realeza está llena de amor, de ternura, de humildad y sencillez, como madre de la misericordia intercede por la salvación de todos nosotros a pesar de nuestros pecados. Si su Hijo es Rey del Universo, Ella con todos los atributos favorecidos por Dios, también es la Reina de todo lo creado. Así, en la octava de la Asunción, celebramos su coronación como Reina, fiesta instituida por el Papa Pío XII en 1954, manifestando al mundo que nos precede en la gloria, resucitada al lado de su Hijo, esperando que todos lleguemos a estar con Ella en la eternidad.

Tanta historia de amor narrada con palabras de vida de incontables personas llenas del favor de Dios por medio de nuestra Madre. En el texto de hoy encontramos que existe una relación al Antiguo Testamento este nacimiento de Jesús, presentado como hijo de David e Hijo de Dios. María es saludada con que Dios la favoreció, la “llena de Gracia”. El “alégrate” es una felicitación por captar la mirada de Dios y su favor para acoger su Gracia. Incluso la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María fue expresión de este gran concepto. El Papa Francisco en todos sus documentos nos está enseñando con la alegría, pues Dios nos amó primero y nosotros por haber recibido gratuitamente dicho amor, respondemos con amor. Si preguntáramos a tantas personas, laicos comprometidos en sus comunidades y con sus familias, nos narrarán sus historias llenas del favor de Dios.

Y tanto le conoce y agrada a Dios, que puede interceder por nosotros para que podamos recibir los favores divinos con mayor facilidad. Alégrate María, porque todo lo que ocurrió contigo es obra de Dios, un gran milagro de la vida para la humanidad entera, pues “no hay nada imposible para Dios” (Lc 1,37). María se siente traspasada por el Amor de Dios y responde con humildad que es “servidora del Señor”, su esclava, que está totalmente disponible para recibir y dar su Amor a la humanidad. El nombre del niño es dado desde el cielo, porque la misión que cumplirá en el mundo viene de Dios, se llamará Jesús, es decir, el Señor Salva. María no llega a dudar como Zacarías, pero pregunta si cómo sucederá ser Madre ya que ella es Virgen. Ciertamente estaba ya comprometida en matrimonio con José, pero todavía no vivían juntos. Y cuando se le dice que el Espíritu Santo es quien descenderá sobre ella, se muestra dócil, dependiente y entregada totalmente, por ello se dice a sí misma: “servidora del Señor”. El sí de María será fundamental para la concreción de la obra de salvación. Lo único que nos queda decir es gracias a Dios por el sí de María y por su confianza plena en la voluntad del Señor. María queda desconcertada ante los piropos que le dirigía el Ángel, pero es sobre todo por su suma humildad, quien se considerara indigna de tal merecimiento. Y justamente es esa humildad de María lo que sedujo el corazón de Dios para favorecerla con tanta alegría en concretar en Ella su Amor.

Sabemos que para ella la situación era muy complicada, difícil, arriesgada y súper peligrosa, pero se cumple la Palabra de Dios en todo esto; si para los hombres es imposible, para Dios, sin embargo, todo es posible. María comprendió que, si Dios le pide, aunque Ella no pueda, Él la capacitará para responder a la misión encomendada. Y si Él pide también es porque sabe que a quien pide no le fallará.

La plenitud de gracia que hallamos en María Santísima nos dará todas las gracias que necesitemos para responder con fidelidad a la misión de la Divina Providencia que nos encomendó. Nuestra respuesta debería ser humilde, libre pero sostenida y permanente a la voluntad de Dios. Si está llena de Gracia, nos podría conceder todo lo que necesitemos, pues es la Medianera de todas las gracias. Entronicemos nuestros hogares a la Sagrada familia, donde Ella es la gran administradora de la alegría y de la paz en cada corazón. Como es tan humilde y siempre servidora, siendo la Reina de la casa, estará feliz con que su Hijo sea el Rey y san José el gran custodio de que ese reinado en todos los hogares perdure en obediencia para siempre en nuestros corazones. La disponibilidad a Dios se encuentra en la voluntad de asumir las necesidades del prójimo. Todo esto sin clamor y sin ostentación, sin buscar un puesto de honor, sin publicidad, porque la caridad y las obras de misericordia no necesitan ser exhibidas como un trofeo. Las obras de misericordia se hacen en silencio, en secreto, sin jactarse de hacerlas. También en nuestras comunidades estamos llamados a seguir el ejemplo de María, practicando el estilo de discreción y ocultación. Que la fiesta de María Reina de todo lo creado, nos ayude a hacer de toda nuestra vida un “sí” a Dios, un “sí” lleno de adoración hacia Él y de gestos cotidianos de amor y de servicio. Pero, sobre todo, un Sí a la vida desde su concepción, durante todo su desarrollo y hasta su muerte natural. Imploramos todas las bendiciones para los hermanos que están ante la adversidad de la enfermedad y los sinsabores de este tiempo.

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¡Viva María!

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