Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy  VIERNES 9 DE SEPTIEMBRE  de septiembre  de 2022 «Lectio Divina»

“Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes”

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San Pedro Claver, presbítero (ML)

Tú eres justo. Señor, y tus juicios son rectos; trátame conforme a tu bondad.
Sal  118. 137. 124

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Audios originales tomados de: panversia.com

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los Corintios          

1 Cor 9, 16-19.22b-27

Hermanos: 16 Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! 17 Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. 18 ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.

19 En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible.

22 Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. 23 Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes.

24 ¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corran, entonces, de manera que lo ganen. 25 Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible. 26 Así, yo corro, pero no sin saber adonde; peleo, no como el que da golpes en el aire. 27 Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo Responsorial

Sal 83, 3. 4. 5-6. 12

R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!

Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R/.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío.  R/.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
y tiene tus caminos en su corazón. R/.

Porque el Señor Dios es sol y escudo,
el Señor da la gracia y la gloria;
y no niega sus bienes
a los de conducta intachable. R/.

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Evangelio

Lectura del santo evangelio según San Lucas

Lc 6, 39-42

“No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará”.

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En aquel tiempo,Jesús les hizo a sus discípulos esta comparación: 39 «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? 40 El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro. 41 ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? 42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo», tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

“Nadie es juez ante quien peca o se equivoca, pues todos somos muy pecadores y necesitamos del perdón de Dios y de los hermanos.”

San Pedro Claver, Presbítero: nació en Verdú-España en 1580 e ingresó a la Compañía de Jesús en 1602, sintiendo desde sus primeros años de formación la llamada a una nueva misión: la evangelización en América, particularmente a los más pobres de esa época: a los esclavos negros. A ello también contribuyó la amistad con el santo hermano Alonso Rodríguez. El día de su profesión escribió con su sangre el lema de su vida: Pedro Claver, esclavo de los esclavos negros para siempre. Así fue su vida, entregada a la evangelización de los esclavos africanos, haciéndoles sentir la cercanía de Dios, solidarizándose con ellos en todo, con el pan de cada día y anunciándoles la Buena Noticia del Reino de Dios. Falleció en Cartagena en 1654

(cf. La Liturgia Cotidiana, 9/09/2021, pág. 38 y 9/09/2022, pág. 42).

En este texto, Jesús expresa de modo imperativo: “No juzguen…no condenen… perdonen… Den…”. Enseña que debe ser la actitud de su discípulo y que Dios multiplicará en generosidad al discípulo que tenga esa conducta. Al discípulo no le corresponde estar juzgando, sino que está llamado a perdonar, a condonar, para que Dios le trate con misericordia. ¿Quién será el modelo de todo discípulo? Será Jesús, quien vino no a juzgar, sino a salvar, a dar vida (cf. Jn 3,17), pero es necesario de parte del discípulo perdonar de corazón para recibir el perdón (cf. Mt 6,12-15; 18,21-35; Eclo 27,30-28,7).

Usa una parábola de un ciego que guía a otro ciego (pretender dominar al otro por egoísmo y querer controlarlo) y de la astilla en el ojo del hermano (capaz de ver el más mínimo error del hermano, no viendo, porque es ciego, que existe algo mucho más grande delante de sí y eso le impide ver correctamente para emitir un juicio no condenatorio), Jesús está enseñando que nadie es juez ante quien peca o se equivoca, pues todos somos muy pecadores y necesitamos del perdón de Dios y de los hermanos. En vez de estar mirando los pecados ajenos, mejor mirar los nuestros y arrepentirnos de ellos. Cuando una persona actúa siendo juez riguroso, critica y condena a los que no están obrando bien, propagan conflictos al interno de la comunidad y no precisamente la paz. Jesús no quiso guiar y dominar al ciego, sino ayudarlo, Jesús nunca juzgó para sacar provecho de ninguna situación, sino que a todos ofrece lo que es y lo que tiene, todo su amor.La tendencia normalmente que se tiene delante de las personas es querer marcarles el camino, sin darse cuenta de la ceguera que muchas veces se tiene y hace que no se vean las grandes imperfecciones de uno mismo. Muchas veces las imperfecciones del prójimo son minucias en comparación a las nuestras. Por eso Jesús concluye diciendo que nunca hay que dominar a nadie ni condenarlo por lo que a nosotros nos parece que son sus defectos. Si nadie es dueño de nadie, por tanto, no puede estar creyendo tener derecho de imponer su criterio de juicio sobre los demás. Ciertamente la exigencia de Jesús es muy dura.

Los imperios de este mundo se arrogan el derecho de dictaminar sobre lo bueno y lo malo de los hombres; se ejerce el poder de juzgar a los súbditos; quienes tienen autoridad la imponen sobre aquellos que se encuentran sometidos. Se piensa tener el derecho a dominar a quienes están al lado. Si no existe amor misericordioso para las relaciones, siempre estaremos cayendo en condenar al hermano por minucias sin entender muchas veces que tal vez nosotros mismos somos mucho más culpables que el hermano a quien se condena.

La medida que usamos se usará con nosotros, podemos entenderla tanto con las personas con quienes compartimos la vida, cuanto en el momento del juicio delante de Dios, donde debemos pasar la evaluación final. Si nuestra medida siempre fue la venganza, es el juicio sin misericordia lo que se usará con nosotros. Ojalá que todos usemos la medida del amor que no tiene medidas, que obremos con misericordia con todos, aunque no nos parezca sea merecedor el prójimo, pues Dios mira las intenciones del corazón, y estamos seguros que es la medida que usará con nosotros en el camino de la vida y en el encuentro definitivo con Él.

Seguramente estamos en los temas más importantes de la vida cristiana. Porque en nuestra cultura actual, fácilmente se difama al hermano. La difamación es destruir la fama del hermano, que se puede dar o por maledicencia: esto es, decir el mal o el error o el pecado del hermano a otras personas; o por calumnia: inventar que algún hermano hizo algo malo y transmitirlo a otras personas. Es destruir la fama, que en definitiva es motivo de condenación, porque se está faltando al mandamiento del amor. Si el amor al prójimo, y en el amor al prójimo está también el amor a Dios, al faltar al amor al prójimo, faltamos al mandamiento principal, por tanto, eso es motivo de condenación. Si somos imagen y semejanza de Dios, y cada hermano también es imagen y semejanza de Dios, al difamarlo, al descomponer su imagen o fama, estamos descomponiendo la imagen de Dios. Al faltar al amor al prójimo, también faltamos al amor a Dios, por eso es muy grave.

Esperamos que esto nos ayude para recapacitar, y restaurar la imagen del hermano, actuando siempre con misericordia, así como Dios obra con cada uno de nosotros, aunque seamos buenos o malos. El papa Francisco había lanzado en el año jubilar extraordinario de la misericordia el lema: “misericordiosos como el Padre”, porque Él nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10), ya que aunque éramos pecadores y hemos cometido abominaciones, Él igual nos amó, y nos seguirá amando. Esto es, nosotros ya hemos sido misericordiados por Él, aún sin merecerlo.

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¡Viva María!

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