Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy   DOMINGO 9 DE OCTUBRE  de 2022 «Lectio Divina»

“Levántate y vete, tu fe te ha salvado””

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Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir? Dios de Israel, en ti se encuentra el perdón..   Sal 129, 3-4

Est 4, 17
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Audios originales tomados de: panversia.com

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes      

2 Re 5, 14-17

En aquellos días, el sirio Naamán 14 bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio. 15 Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor». 16 Pero Eliseo replicó: «Por la vida del Señor, a quien sirvo, no aceptaré nada». Naamán le insistió para que aceptara, pero él se negó.

17 Naamán dijo entonces: «De acuerdo; pero permite al menos que le den a tu servidor un poco de esta tierra, la carga de dos mulas, porque tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses, fuera del Señor.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo Responsorial

Sal 97. 1. 2 3ab. 3cd 4

R/. El Señor revela a las naciones su salvación

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/

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Segunda lectura

Lectura de la segunda Carta del apóstol San Pablo a Timoteo   

2 Tim 2, 8-13

Querido hermano:8 Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos y es descendiente de David. Esta es la Buena Noticia que yo predico, 9 por la cual sufro y estoy encadenado como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. 10 Por eso soporto estas pruebas por amor a los elegidos, a fin de que ellos también alcancen la salvación que está en Cristo Jesús y participen de la gloria eterna. 11 Esta doctrina es digna de fe: Si hemos muerto con él, viviremos con él. 12 Si somos constantes, reinaremos con él. Si renegamos de él, él también renegará de nosotros. 13 Si somos infieles, él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Evangelio

Lectura del santo evangelio según San Lucas

Lc 17, 5-10

“Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”.

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Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”. Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba sano, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces: “Cómo, ¿no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”. Y agregó: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Jesús quiere decir que así es un hombre de fe en su relación con Dios: se rinde completamente a su voluntad, sin cálculos ni pretensiones

El evangelio del domingo pasado, invitaba a pedir un aumento de fe, para creer más y mejor. Hoy, se nos muestra el proceso de la fe en sus etapas o pasos. Tanto Naamán, en la primera lectura, como los diez leprosos del evangelio, se acercan a Dios, sea por medio del profeta Eliseo o de Jesús, buscando una gracia, una salida ante una situación dolorosa y desesperada que los margina. El leproso es símbolo del hombre separado de Dios, no puede darle culto ni participar de la asamblea religiosa, segregado por los hombres, viviendo fuera de la ciudad y no pudiendo acercarse a ningún sano.

Todos creen en la palabra del mediador: Eliseo y Jesús. Todos obedecen a la orden recibida: Naamán baja al río Jordán a bañarse siete veces y los diez leprosos se ponen en camino para ver al sacerdote. Es un acto de fe. Todos reciben la curación de parte de Dios, obteniendo lo que buscaban y pidieron. Nueve de los diez leprosos se quedan, sólo fueron curados. Sin embargo, Naamán regresa ante el profeta para agradecer y confesar su fe en Yahvé como único Dios. Su fe creció, llegó hasta la confesión de fe en Dios y la intención de rendir culto a Yahvé.

Así también el leproso samaritano toma conciencia de su curación, reconoce el don recibido de Dios y lo alaba: “Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias” (Lc 17,15). Los diez fueron curados, pero sólo uno tomó plena conciencia de que se trataba de un don recibido viéndose curado. Se olvida de sí y vuelve a Dios, quien tuvo compasión de él, es la alabanza.

Card. Martini manifiesta que este alabar a Dios con reverencia expresa un aspecto esencial de la espiritualidad bíblica, es la respuesta humana a la acción de Dios, es la respuesta del hombre que recibe la Palabra de Dios. El leproso curado no va al templo ni busca al sacerdote del AT, sino que reconoce la acción de Dios en Jesús. De ahí que se postra ante Él y le agradece. Naamán confiesa a Yahvé como Dios, el leproso samaritano reconoce a Dios presente y operante en Jesús. La fe teologal se vuelve cristológica y eucarística, porque agradece a Jesús por la curación recibida.

El leproso samaritano es imagen del creyente completo, pues no sólo fue sanado, sino también salvado. ¿Cuál es la diferencia? Que la salvación incluye la relación personal con Jesús y, por medio del Él, con el Padre. «Los otros nueve leprosos se aprovecharon materialmente de la curación, obtuvieron la salud física. El samaritano, sin embargo, además de ésta, obtuvo la relación de fe con Jesús, mediante la cual se salvó de verdad, de manera completa, en cuerpo y alma. Desde ese momento en adelante pudo vivir en esta relación con Jesús, una relación que se estableció gracias a la curación» (Cardenal A. Vanhoye). Papa Francisco expresó en su homilía del 13 de octubre de 2019: “«Tu fe te ha salvado» (Lc 17,19). Es el punto de llegada del evangelio de hoy, que nos muestra el camino de la fe. En este itinerario de fe vemos tres etapas, señaladas por los leprosos curados, que invocancaminan y agradecen. En primer lugar, invocar… No se dejan paralizar por las exclusiones de los hombres y gritan a Dios, que no excluye a nadie. Es así como se acortan las distancias, como se vence la soledad: no encerrándose en sí mismos y en las propias aflicciones, no pensando en los juicios de los otros, sino invocando al Señor, porque el Señor escucha el grito del que está solo[…] Agradecer: es la última etapaSólo al que agradece Jesús le dice:

«Tu fe te ha salvado» (v. 19). No sólo está sano, sino también salvado. Esto nos dice que la meta no es la salud, no es el estar bien, sino el encuentro con Jesús. La salvación no es beber un vaso de agua para estar en forma, es ir a la fuente, que es Jesús. Sólo Él libra del mal y sana el corazón, sólo el encuentro con Él salva, hace la vida plena y hermosa… El culmen del camino de fe es vivir dando gracias… Cuando agradecemos, el Padre se conmueve y derrama sobre nosotros el Espíritu Santo. Agradecer no es cuestión de cortesía, de buenos modales, es cuestión de fe. Un corazón que agradece se mantiene joven. Decir: “Gracias, Señor” al despertarnos, durante el día, antes de irnos a descansar es el antídoto al envejecimiento del corazón, porque el corazón envejece y se malacostumbra. Así también en la familia, entre los esposos: acordarse de decir gracias. Gracias es la palabra más sencilla y beneficiosa”.

Una persona agradecida es alguien que reconoce el don y por eso lo agradece. No así el orgulloso que se atribuye todo a sí mismo y termina por negar la obra de Dios. El agradecido es humilde, el pobre evangélico, que reconoce su necesidad y que la misma se ve colmada gratuitamente por Dios. Jesús se muestra sensible ante la ingratitud de los hombres, pues tuvo compasión de ellos concediéndoles la gracia pedida con la curación, pero sólo uno respondió correctamente, y era un extranjero: un samaritano. En síntesis, a lo largo del relato se describen las cuatro formas básicas de oración en una gradualidad creciente: pedir perdón (piedad) y pedir gracias (curación), dar gracias y alabar.

Los diez leprosos le gritan a Jesús para que los sanara, y Jesús les pide que se presentaran al sacerdote, quien tenía que certificar cuando estén sanos para que puedan entrar a presentar su ofrenda en el templo. Mientras iban de camino, se sanaron los diez, pero uno solo, un samaritano (que no se llevaba bien con los judíos, despreciado y hasta considerado endemoniado –cf. Jn 8,48- por los judíos) regresa alabando a Dios y se postra delante de Jesús diciéndole “gracias” (señal de conversión). Esto genera indignación en Jesús con los otros 9 quienes también recibieron la gracia, pero no fueron agradecidos. Aunque quien regresa a agradecerle, el samaritano, lo hace con la conversión de su vida, convirtiéndose en creyente de verdad y un gran discípulo de Jesús.

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¡Viva María!

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