SANTO DEL DÍA ||   DOMINGO 16 DE OCTUBRE DE 2022

Santa Margarita María de Alacoque

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Texto original: Fuentes varias

16 de octubre

1690

«Sólo por amor tuyo, Dios mío, me someto a escribir esto por obediencia, pidiéndote perdón de la resistencia que he puesto en ejecutarlo. Pero como Tú conoces mejor que nadie la gran repugnancia que siento al hacerlo, Tú eres el único que puedes darme fuerza para vencerla, ya que recibo esta obediencia como venida de tu parte».

(Autobiografía).

Juventud: tiempo de preparación 

Margarita María nace el 22 de julio de 1647 en Vérosvres, pequeña ciudad cercana a Paray-le-Monial. Recibe el bautismo el 25. Es la quinta entre siete hermanos. Su padre, Claudio Alacoque, notario real, muere en 1655, y la madre, Filiberta Lamyn, ante la imposibilidad de ocuparse de los cinco hijos que le quedan, tiene que resolverse a llevar a Margarita, de 8 años, al pensionado de las religiosas de Charolles. Pero permanece allí sólo dos años. 

A consecuencia de una extraña enfermedad que le impide todo movimiento, Margarita no permanece allí más que dos años. Pero la gracia ya la ha tocado:

«Único Amor mío, ¡cuánto te debo por haberme prevenido desde mi más tierna edad, constituyéndote dueño y poseedor de mi corazón, aunque conocías bien la resistencia que había de hacerte! No bien tuve conciencia de mí misma, hiciste ver a mi alma la fealdad del pecado.  La Santísima Virgen tuvo siempre grandísimo cuidado de mí; yo recurría a Ella en todas mis necesidades y me salvaba de grandísimos peligros. No me atrevía a dirigirme a su divino Hijo, sino siempre a Ella». 

Muy joven, Margarita se siente interiormente impulsada a entregarse a Dios en la vida religiosa. Y durante su enfermedad, al no encontrarse ningún remedio, se consagra a la Santísima Virgen:

«Le prometí que si me, curaba sería un día una de sus hijas.  Y recibí la salud acompañada de una nueva protección de la Virgen. Ella me reprendía mis faltas y me enseñaba a hacer la voluntad de Dios». 

Sin embargo, una vez recobrada la salud, Margarita confiesa que no pensaba más que en divertirse, preocupándose poco de su promesa. Pero la vida en la familia se hace difícil. La adolescente va a sufrir y poco a poco va a volverse hacia Dios. Mientras tanto, los suyos pretenden casarla: se presentan buenos partidos. Tiene veinte años. Con todo, «el deseo de la vida religiosa se reavivó tan ardientemente en mi corazón -escribe- que me resolví a ser religiosa, al precio que fuera. Pero ¡ay! no pudo realizarse hasta cuatro años más tarde». 

El Señor la impulsa interiormente. «Encontrándome un día en un abismo de asombro, viendo que tantos defectos e infidelidades como en mí hallaba no eran capaces de causarle náusea, me respondió: «Es que deseo hacer de ti como un compuesto de mi amor y de mis misericordias»». 

La familia termina por ceder. «Me propusieron muchos conventos sin poder decidirme por ninguno, pero apenas se nombró a Paray, se dilató de gozo mi corazón, y al instante consentí. Al entrar al locutorio, oí interiormente estas palabras: «Aquí es donde te quiero»» . Era el 25 de mayo de 1671. 

Entrada al monasterio 

“Habiendo llegado, finalmente, el día tan deseado -20 de junio de 1671- de dar el adiós al mundo, jamás había sentido tanta alegría y firmeza en mi corazón». Sin embargo, en el momento de entrar en el Monasterio, siente violentamente un último asalto interior: «Pero al instante se me mostró que el Señor había roto el saco de mi cautiverio y me había revestido con su manto de júbilo”. El gozo la transporta de tal manera que exclama: » Aquí es donde Dios me quiere». 

La Orden de la Visitación de Santa María 

En 1610, san Francisco de Sales (1567-1622), Obispo de Ginebra, -maestro consumado de espiritualidad, doctor de la Iglesia-, había fundado en Annecy con santa Juana Francisca de Chantal una nueva comunidad femenina de vida religiosa accesible a toda clase de personas, en especial a quienes no se sentían llamadas al estilo de vida de los monasterios de su tiempo. Él quería dar a Dios «hijas de oración» que vivieran la alegría de su entrega en el trato de corazón a corazón con el Señor. 

El fundador escribe:

«Nuestra pequeña congregación es obra del Corazón de Jesús y de María». «El Corazón de Jesús, su esposo crucificado, será la morada y el descanso de las visitandinas en esta tierra… la dulzura y humildad, que son el fundamento de la Orden, les dan el privilegio de llevar el nombre de Hijas del Corazón de Jesús». 

El nuevo Instituto recibió el nombre de Visitación de Santa María, porque en este misterio de gozo resplandece la sencillez, la humildad, la dulzura y la alegría de nuestra Señora. El Monasterio en el que entra Margarita María había sido fundado en 1626 por el primer Monasterio de Lyon, y fue visitado por la Madre de Chantal. 

Primeras comunicaciones del Señor 

Un día, ya en el monasterio, Margarita María pide a la maestra de novicias que le enseñe a hacer oración, de la que sentía una gran hambre. Le responde:

«Id a poneros ante nuestro Señor como un lienzo delante de un pintor». «Mi Soberano me hizo conocer que aquel lienzo era mi alma, sobre la cual quería trazar todos los rasgos de su vida dolorosa, y que los imprimiría después de haberla purificado de todas las manchas que le quedaban, ya de afición a las cosas terrenas, ya de amor a mí misma». 

Después de un tiempo de postulantado, el 25 de agosto de 1671, Margarita María recibe el hábito de la Visitación. «Me dio a conocer mi divino Maestro que éste era el tiempo de nuestros desposorios, que debía amarle con amor de preferencia. En seguida me declaró que, a la manera de los más apasionados amantes, me haría gustar, durante este tiempo, cuánto hay de más dulce en la suavidad de su amor». 

La fecha de la profesión religiosa se acerca, pero las superioras dudan. Margarita María se queja al Señor que le responde:

«Di a tu Superiora que no hay razón para temer el recibirte, pues Yo respondo de ti. Te haré más útil a la religión de lo que ella piensa; pero de una manera que aún no es conocida sino por Mí. Yo sabré hallar el medio de cumplir mis designios”. ¡Palabras misteriosas! 

El 6 de noviembre de 1672 es el día de la profesión perpetua. «Mi divino Maestro quiso recibirme por su esposa. Me dijo: «Está siempre pronta y dispuesta a recibirme, porque quiero en adelante hacer en ti mi morada, para conversar y permanecer contigo». Desde este momento me favoreció con su divina presencia». 

El Señor le hace conocer también el misterio de su Pasión y Muerte, lo que le da, para siempre, un gran amor a la Cruz. De ahora en adelante, el Señor se va a revelar más a Margarita María. Le confiará los secretos de su Corazón. Las grandes manifestaciones van de diciembre de 1673 a junio de 1675. 

Las grandes revelaciones 

La primera es el 27 de diciembre de 1673, fiesta de san Juan. Lo relata así:

«Un día, estando delante del Santísimo Sacramento, me encontré totalmente penetrada por esta divina presencia; pero tan fuertemente, que me olvidé de mí misma y del lugar en que estaba, y me abandoné a este Espíritu entregando mi corazón a la fuerza de su amor. Me hizo reposar largo tiempo sobre su pecho divino, en el cual me descubrió todas las maravillas de su amor y los secretos inexplicables de su Corazón Sagrado, que hasta entonces me había tenido siempre ocultos. 

Aquí me los descubrió por primera vez. Me dijo:

«Mi Divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres, y por ti en particular, que no pudiendo ya contener en sí mismo las llamas de su ardiente caridad, le es preciso comunicarlas por tu medio, y manifestarse a todos para enriquecerlos con los preciosos tesoros que te descubro, los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía.»». 

Después, a comienzos de 1674, sin duda un viernes, tiene lugar esta manifestación de la que hablará mucho tiempo después:

«Se me presentó este divino Corazón como en un trono de llamas, más brillante que un sol y transparente como un cristal. Estaba rodeado de una corona de espinas, simbolizando las heridas hechas por nuestros pecados, y con una cruz, que significaba que desde el primer instante de su Encarnación, es decir, desde el primer momento en que fue formado este Sagrado Corazón, la cruz estuvo plantada en él». 

También en 1674, en el mes de junio, en torno a la fiesta del Corpus Christi:

«Otra vez, estando expuesto el Santísimo Sacramento, después de sentirme completamente retirada al interior de mí misma por un recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias, se me presentó Jesucristo, mi divino Maestro, todo radiante de gloria, con sus cinco llagas, que brillaban como cinco soles, y por todas partes salían llamas de su sagrada humanidad, especialmente de su adorable pecho, el cual parecía un horno. Y abriéndoselo, me descubrió su amante y amable Corazón, que era la fuente viva de semejantes llamas. 

Entonces fue cuando me descubrió las maravillas inexplicables de su amor, y el exceso a que le había conducido el amor a los hombres, de los cuales no recibía sino ingratitudes y desprecios. 

Me dijo:

«Está atenta a mi voz, y a cuanto te pida para disponerte al cumplimiento de mis designios»». 

La conformidad con Cristo sufriente 

Durante el período de las apariciones, se manifiesta la cruz del Señor. Las pruebas de salud y las pruebas interiores se multiplican. Como escribió en 1990 el Papa Juan Pablo II, «santa Margarita María conoció la gracia de amar a través de la cruz». Gracia de amar, gracia de conformarse a Cristo sufriente. Gracia de participar en la comunión de los santos, en la salvación de sus hermanos y hermanas. 

Es la época del sufrimiento físico, de la prueba, incluso de la tentación. «El Señor me advirtió que Satanás había pedido permiso para probarme en el fuego de las contradicciones y humillaciones, de las tentaciones y abandonos, como el oro en el crisol. Me aseguró que nada debía temer, porque Él combatiría por mí. Pero que yo debía velar. No tardé mucho en oír las amenazas de mi perseguidor. Nada de esto me preocupaba lo más mínimo; ¡tan fortalecida me sentía en el interior!» 

En este camino de purificación, de preparación a la misión, la Santísima Virgen María la alienta:

«Ten ánimo, hija mía, pues aún tienes que andar un camino largo y penoso siempre sobre la cruz. No temas, no te abandonaré». 

La Gran Revelación 

Y llegamos a la manifestación más decisiva en junio de 1675:

“Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, un día de su octava, recibí de Dios gracias excesivas de su amor. Entonces, descubriendo su Divino Corazón me dijo: «He aquí este Corazón, que ha amado tanto a los hombres, que no se ha reservado nada hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en respuesta no recibo de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sus sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de Amor. Pero lo que me es aún mucho más sensible es que son corazones que me están consagrados los que así me tratan. 

Por esto te pido que sea dedicado el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día y reparando su honor. Te prometo también que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su divino amor sobre los que le rindan este honor y los que procuren que le sea tributado.» 

Y respondiendo yo que no sabía cómo poder cumplir cuanto de mí deseaba hacía tanto tiempo, me ordenó dirigirme a su siervo, pues le había enviado para el cumplimiento de este designio». 

Se trata del P. Claudio de la Colombière, de la Compañía de Jesús, quien, efectivamente, debía confirmar a Margarita María en su camino, y trabajar con sus hermanos jesuitas en la difusión del Mensaje. 

Han trascurrido solamente cuatro años desde la entrada de Margarita María en la Visitación de Paray. Durante otros quince, va a continuar su vida en el claustro. Será durante dos años maestra de novicias. Dos Superioras la elegirán como su Asistente (subpriora o vicaria). Además, se ocupará en todos los trabajos al servicio de la comunidad, destacando por su humildad y caridad. 

Primera difusión del mensaje 

El culto al Sagrado Corazón, considerado al principio en el Monasterio como una «devoción nueva», tarda en ser aceptado. Las novicias son las primeras que, el 20 de julio de 1685, honran al Corazón de Jesús, «haciendo un pequeño altar sobre el cual colocaron su imagen dibujada a plumilla, a la que rindieron los homenajes que este divino Corazón les sugirió”. Algunas hermanas de la comunidad se muestran reticentes, hasta que el 21 de junio de 1686 todo el Monasterio celebra la fiesta del Corazón de Jesús. 

Más tarde, escribiendo al P. Croiset, Margarita María dirá:

«¡Ojalá pudiera contar todo lo que sé de esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús, y descubrir a toda la tierra los tesoros de gracias que Jesucristo encierra en su Corazón adorable, y que quiere derramar con abundancia sobre todos los que la practiquen!”. Y continuaba con esta ardiente exhortación: «Le lo suplico, no olvide nada para inspirársela a todo el mundo». 

Este ruego aparece una y otra vez en la mayor parte de sus cartas. Algunas se refieren a la publicación de libros. 

La Madre de Saumaise que había sido superiora de la Visitación de Paray entre 1672 y 1678, de vuelta a su monasterio de Dijon, transmite a su alrededor todo lo que había vivido junto a santa Margarita María. 

La Hermana Joly entra con entusiasmo en esta corriente espiritual, la vive intensamente y quiere publicar en 1686 una especie de manual, conocido como el «librito de Dijon», en que se explica la devoción y se proponen prácticas, oraciones, un oficio, una Misa y unas letanías. 

También se imprimen otros libros. Margarita María expresa su gozo al ver estas publicaciones que contribuirán a extender el Reinado de Jesús. En otras cartas pide con insistencia la impresión de una imagen, pues, según la promesa del Señor, él derramará con abundancia toda clase de bendiciones en los lugares donde sea honrada. 

Margarita María se esfuerza especialmente por obtener de Roma la aprobación de la Misa compuesta en Dijon. El Monasterio de esta ciudad la celebra en 1689 con autorización del obispo de Langres. La Santa tiene la gran alegría de saber que la devoción se extiende incluso en el extranjero. «Ahora moriré contenta, pues el Sagrado Corazón de mi Salvador comienza a ser conocido». 

Los últimos días 

Al fin de su vida escribe:

«He tenido tres deseos ardientes: amar perfectamente a Jesucristo; sufrir por su amor, morir en el ardor de este amor». Parece haberlos colmado pues ya no desea nada, según dejó escrito. 

Las contemporáneas nos relatan sus últimos días: «Se encontró mal la víspera del día en que se disponía a entrar en su retiro. Se acostó nueve días antes de su muerte, y los empleó en prepararse a la venida del Esposo». Según el médico, la enfermedad era benigna, «pero ella repetía con insistencia que moriría de ella». 

Pidió la comunión, sabiendo bien que era la última que recibiría. «Todas las hermanas que la visitaban admiraban la alegría extraordinaria que le causaba el pensamiento de la muerte. Sin embargo, tuvo un momento de un temor extraño -última purificación-, después recobró una gran calma». 

«El 17 de octubre, una hora antes de su muerte, hizo llamar a su superiora y le rogó que le administraran la unción de los enfermos. Dio las gracias por todo». Exhortó a sus hermanas: «Amad al Amor, pero amadle con perfección”. Es su último legado. «Y añadió que ya no tenía nada que hacer en este mundo, sino ir a abismarse en el Sagrado Corazón de Jesús. Luego, tras pronunciar el santo nombre de Jesús, entregó dulcemente su espíritu». 

Han transcurrido los cuarenta y tres años de su vida, una vida marcada por la alegría, la cruz, la identificación con Jesús, su único Amor; y el don de una misión: dar a conocer al mundo el Amor de Dios hecho carne en Jesús, Hombre-Dios. 

Margarita María fue beatificada por Pío IX 18 de septiembre de 1864 y canonizada por Benedicto XV el 13 de mayo de 1920. 

Un mensaje para hoy: El Corazón de Jesús. Imágenes simbólicas 

La Iglesia desde sus comienzos, y través del espacio y del tiempo, siempre ha proclamado a Cristo; un Cristo que ama infinitamente a toda la humanidad y que ha llegado hasta dar su vida para salvarla. 

Muchos santos han hablado de Él, de su amor, bajo el signo del Corazón. Santa Margarita María se inscribe en esta estirpe que se remonta muy lejos en la historia. Lo hace más o menos en los mismos términos que quienes la han precedido, pero lo distintivo en ella es que el mismo Señor le encarga una misión con carácter universal para toda la Iglesia. Ella ha encarnado ese mensaje y nos comunica su propia experiencia, su forma de mirar, conocer, amar al Señor, vivir de Él y en Él. 

La espiritualidad del Sagrado Corazón no es una «devoción» particular, una repetición de prácticas externas, sino que abarca toda la existencia, ya que es una «síntesis del cristianismo» y como «una segunda redención», en palabras del Magisterio de la Iglesia. 

A través de imágenes simbólicas, Margarita María nos ayuda a conocer mejor al Señor, su Corazón, a ser de los que Él llama sus amigos. Ciertamente, ella no duda en proclamar su impotencia para traducir todo lo que ha visto y oído. Es inexpresable, inefable:

» Él me descubrió las maravillas inexplicables de su puro amor, y hasta qué exceso le había llevado a amar a los hombres». 

El libro abierto 

Jesús se presenta a nuestra Santa y le dice:

«Quiero hacerte leer en el libro de la vida donde se contiene la ciencia del amor». 

«Su divino Corazón se abrió como un gran libro, en el que leí las lecciones admirables de su puro amor». 

El camino más corto 

Santa Margarita dice a menudo en sus escritos que el conocimiento del Corazón de Jesús es » el camino más corto « para ir a Él. Y que es el mismo Jesús quien desea que se propague este conocimiento. 

«Me parece que no hay camino más corto para llegar a la perfección, ni medio más seguro de salvación que consagrarse totalmente a este divino Corazón». 

«Que todo vuestro deseo sea amar, honrar y glorificar a este divino Corazón. Para ello, no ahorréis ni trabajos ni penas pues es el medio más eficaz para entrar en su amistad y atraer sobre vosotros la abundancia de sus gracias y el reinado de su ardiente caridad». 

Y también esta carta al P. Croiset:

«Los tesoros de bendiciones y gracias que encierra este Sagrado Corazón son infinitos; no sé que haya en la vida espiritual ningún otro ejercicio de devoción más propio para elevar en poco tiempo a un alma a la más alta perfección, y para hacerle gustar las verdaderas dulzuras que se encuentran en el servicio de Jesucristo. Sí, lo digo convencida, si se supiera lo que agrada a Jesucristo esta devoción, no habría un cristiano que no la practicara, por poco amor que tuviera a este amable Salvador». 

En otra carta de 1689:

«El Sagrado Corazón tiene un deseo vehemente de ser conocido, amado y honrado de los hombres. Ha hecho conocer que este deseo es tan grande que promete que todos los que se consagren y entreguen a Él, para darle el placer de rendirle y procurarle todo el amor, honra y gloria que estén a su alcance, según los medios que Él les dé, no se perderán jamás y que Él mismo será su asilo seguro en todas las emboscadas de sus enemigos; pero sobre todo a la hora de la muerte, este divino Corazón les recibirá con amor, asegurándoles su salvación, y tendrá cuidado de santificarles y hacerles grandes ante su Padre eterno, tanto como ellos se hayan preocupado de extender el reinado de su amor en los corazones». 

La fuente, el manantial 

«Como Él es la fuente de todas las bendiciones, las derramará con abundancia en los lugares donde se honre la imagen de este Sagrado Corazón, porque su amor le impulsa a distribuir el tesoro inagotable de sus gracias santificadoras y salvadoras en las almas de buena voluntad, pues busca corazones vacíos para llenarlos con la suave unción de su ardiente caridad, para consumirlos y transformarlos completamente en Él. Quiere espíritus humildes y sumisos, sin otro deseo que cumplir su voluntad». 

Para Margarita María, como para todos los que ya habían hablado de él, el signo del Corazón manifiesta en toda su realidad, a Cristo que ama a los hombres y quiere urgirles que vayan a Él. 

«Este Corazón es la fuente inagotable de todos los bienes. Una fuente que no pretende sino derramarse y comunicarse en los corazones vacíos de sí mismos, humildes, y que no estén apegados a nada; una fuente de todo tipo de delicias, de donde cuanto más se toma, más abundante es”, o según otra fórmula: » cuanto más se saca, más hay para sacar». «Es un manantial inacabable que se complace en derramarse con abundancia a favor de sus amigos» 

Tesoro escondido, océano sin límite 

«Es -dice Margarita María- » un tesoro escondido e infinito, que no quiere sino manifestarse a nosotros, repartirse y distribuirse para enriquecer a los verdaderos pobres”. Pobres de sí mismos, «pobres de espíritu», dice el Evangelio. 

¿Cuáles son las dimensiones de este Corazón? La realidad que percibe santa Margarita María nos hace recordar a san Pablo, «es un océano sin límite, un abismo de toda suerte de bienes», y «un abismo sin fondo”. 

Abismo de Amor 

Un día Jesús pidió a santa Margarita María que mirara la abertura de su costado, y le dijo:

«Aquí hay un abismo sin fondo, abierto por una flecha sin medida, que es la del amor».

Y la misma Santa explica:

«Este divino Corazón es un abismo de todo bien, donde los pobres deben abismar sus necesidades; un abismo de alegría, donde debemos abismar todas nuestras tristezas; un abismo de humillación para nuestro orgullo; un abismo de misericordia, un abismo de AMOR, donde tenemos que abismar todas nuestras miserias”. 

Así pues, una fuente inagotable, un océano sin límite, un tesoro infinito, ¡de amor! y de un amor que no quiere más que comunicarse, llenarnos de sí mismo. Es lo que dice Jesús en el Evangelio de san Juan: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). Este es el Corazón de Jesús, que quiere darse. Pues este Amor es activo. 

Canal de las misericordias, hoguera, crisol 

Este Amor es el canal de las misericordias del Padre para con los pecadores, para con todos los hombres.

«En este Corazón hay tres canales que manan sin cesar: el primero de misericordia para con los pecadores.; el segundo es de caridad, que se extiende sobre quienes tienen alguna necesidad y particularmente sobre los que tienden a la perfección; del tercero brotan el amor y la luz para los amigos perfectos que Él quiere unir a Sí, para comunicarles su ciencia y sus deseos». 

Es una hoguera purificadora. Es un crisol donde todo se transforma en amor. Si somos cobardes, imperfectos, ¿no es él una hoguera purificadora donde tenemos que transformarnos como el oro en el crisol? 

Cristo recuerda a todos los hombres que Él los ama y que todos están llamados al Amor. «Nuestro corazón, dice Margarita María, está hecho para Dios; estando hecho para lo divino, no puede tener reposo cuando hay mezcla de otra cosa”. San Agustín había dicho palabras semejantes a éstas. Margarita María continúa:

«Desgraciado – nuestro corazón – si se contenta con menos de Dios”, pues sólo Cristo puede colmar nuestros corazones, hacerles encontrar descanso, alegría, plenitud. 

La llamada del Corazón de Cristo es universal 

A nosotros nos toca responder a la llamada. «Las gracias, añade Margarita María, no faltarán. Él espera de nosotros una fiel correspondencia en retorno a su gran amor».  Nuestra alegría, nuestra vida, nuestra santidad están en Él. ¿Lo comprendemos? ¿Lo creemos? ¿Cómo amar al Amor? 

Acoger su amor 

El primer paso consistirá en abrir nuestro corazón «a fin de poder satisfacer en algún modo el ardiente deseo que su amor tiene de derramarse”. Esta actitud de acogida, implica necesariamente un reconocimiento de nuestras faltas: somos pecadores. 

Se requiere de nuestra parte fe y confianza en el que perdona. «Tienes demasiado temor y esto es lo que le disgusta, porque El quiere de ti una confianza amorosa», dice Margarita María en una de sus cartas. 

«Darlo todo y dejarle hacer» 

No es pasividad. Margarita María nos lo aclara:

«Debe bastarte con haberle entregado todo el cuidado de ti misma, y a medida que te olvides de ti, Él tomará un cuidado especialísimo por perfeccionarte, purificarte y santificarte; la demasiada reflexión sobre nosotros mismos impide el efecto de sus proyectos sobre nosotros. Cuando nos abandonamos del todo y le dejamos hacer, Él nos hace andar mucho camino en poco tiempo». 

«El Sagrado Corazón te hará un gran santo. Él te santificará a su gusto y no al tuyo. Por eso, déjale hacer». 

Y en una confidencia personal hecha a su superiora, dice:

«Se me presentó mi Señor descubriéndome su Corazón lleno de amor me dijo: «Este es el Maestro que te doy. Él te enseñará todo lo que debes hacer por mi amor. Por eso tú serás su discípula predilecta». Sentí una gran alegría. Me abandoné del todo a Él». 

Permanecer en su Amor 

Esta invitación de Jesús en el Evangelio, «Permaneced en mí, permaneced en mi Amor» (Jn 15, 4.9), es una constante en la tradición cristiana. Margarita María se inscribe en ella. Desde el principio ha vivido este misterio. Describe así una manifestación del Señor que debe situarse en 1674:

««Este es el lugar de tu morada actual y perpetua donde podrás conservar sin mancha la túnica de la inocencia de la que he revestido tu alma». Y a partir de entonces, me veía y encontraba siempre en este amable Corazón de un modo que no sé expresar, sino sólo decir que estaba a veces como en un jardín delicioso, esmaltado de toda clase de flores; otras, como un pececillo en un vasto océano.» 

Esta gracia personal, no es sólo para ella. Se trata de una llamada evangélica que transmite a los hijos de Dios, bajo el signo del Corazón:

«Estableced vuestra morada en el Corazón de Jesús; en Él encontraréis una paz inalterable y la fuerza para hacer realidad los buenos deseos que Él os inspire, y para no cometer faltas voluntarias». 

«En este Corazón divino todo se cambia en amor, hasta las más amargas amarguras. Hagamos allí nuestra morada actual y perpetua, y nada podrá turbarnos, con tal que estemos del todo abandonados a Él. Dejémosle hacer y obrar en nosotros». 

Identificarse con Cristo 

Si el primer aspecto de nuestra respuesta es acoger; el segundo, darlo todo y dejarle hacer, y el tercero, permanecer en su Amor, santa Margarita María, con san Pablo nos introduce en un cuarto aspecto: «Que Cristo sea formado en vosotros» (Gal 4,19). 

«Él arde en deseos de que conformemos nuestra vida a la suya. Y puesto que el amor iguala -hace semejantes – a los que se aman, hagamos nuestra vida según el modelo de la suya». 

¿Qué quiere decir «conformar» nuestra vida a la de Cristo? Ella misma responde:

«Amad constantemente al Sagrado Corazón de Jesucristo, conformaos todo lo que podáis con su humildad y dulzura para con el prójimo». 

«Este divino Corazón busca corazones vacíos para llenarlos con su ardiente caridad, para transformarlos en Él». 

Margarita María se expresa con una precisión admirable: Cristo nos llama a conformarnos con Él pero es Él quien nos «conforma», es Él quien nos transforma. A nosotros nos toca siempre » darlo todo y dejarle hacer”. 

Consagrarse al Corazón de Cristo 

Para santa Margarita María, nuestra respuesta de amor se resume en la consagración al Corazón de Jesús, pues constituye una entrega total de sí a Cristo, que compromete toda nuestra vida. 

Invita frecuentemente a las personas con quienes mantiene correspondencia a hacer y propagar esta consagración y lo hace con una fuerza irresistible, pues siente y sabe lo importante que es que nos entreguemos al Amor. 

«Si deseas vivir completamente para Él, llegar a la perfección que desea de ti, si quieres ser del número de sus amigos, es necesario que hagas a su Sagrado Corazón una consagración total de ti mismo y de todo lo que depende de ti. Después de eso, ya no te mirarás sino como perteneciente al Corazón de Jesús, al que podrás recurrir en todas tus necesidades, y establecer en Él tu morada. Él reparará lo imperfecto que pueda haber en tus obras y santificará las acciones buenas, si permaneces en todo unido a sus designios sobre ti». 

La Santa compuso y propagó varias fórmulas de consagración. Además, nos transmite de parte del Señor un mensaje sobre la consagración de las familias a su Corazón:

«Por este medio, reunirá las familias divididas y protegerá a las que estén en alguna necesidad; derramará esta suave unción de su caridad en todas las comunidades religiosas en las que sea honrado y que se pongan bajo su especial protección, y mantendrá unidos a todos los corazones, para que no formen más que uno solo con Él». 

Esta consagración familiar y social, fue más tarde muy promovida por el P. Mateo Crawley, religioso de los Sagrados Corazones, y alentada y bendecida repetidamente por todos los Papas. 

En varias ocasiones, Margarita María asegura, de parte del Señor, que las personas consagradas al Corazón de Jesús «no perecerán”. Pero se refiere a una consagración vivida, traducida en obras, en la vida de cada día. 

Para santa Margarita María, toda la vida está en relación con el Corazón del Señor. Todo se hace con Él. 

Un día con el Corazón de Jesús: 

– «Por la mañana, ofreceremos nuestros corazones al Corazón de Jesucristo para que consuma en él todo lo que le desagrada, pidiéndole que supla lo que nos falta». 

-En la oración, «si hay disipación, aburrimiento o negligencia, reprendeos con dulzura y volved a recoger vuestro espíritu. Y ofreced al Padre la oración de su Hijo para reparar las faltas de la vuestra. El fruto principal que debéis sacar será el amor a la humildad y sencillez». 

Si se siente cierta imposibilidad para orar:

«Ofreced al Padre todo lo que el Sagrado Corazón hace en la Eucaristía, para suplir lo que vosotros quisierais y debierais hacer». Y también: «Uniremos nuestra oración a la que hace Jesús por nosotros en el Santísimo Sacramento, y al final ofreceremos a Dios la de su divino Hijo para reparar las faltas y pérdida de tiempo de la oración que acabamos de hacer». 

-Al recibir la sagrada comunión:

«Ofreceré al Padre las santas disposiciones del Corazón de la Santísima Virgen en el momento de la Encarnación, y las uniré a las de su divino Hijo para suplir las que me falten para recibirle dignamente. Cuando ya le haya recibido, como acción de gracias le ofreceré a su Padre, con gratitud, alabanza, adoración y amor, rogándole en este momento que repare todas las faltas de mi vida pasada.» 

-En el trabajo, estudio, en las tareas de cada día.: Santa Margarita María nos comunica lo que ella decía al Señor al salir de la capilla y empezar las ocupaciones del día:

» Jesús mío, como no puedo permanecer aquí en tu presencia, ven conmigo para santificar todo lo que haga, puesto que todo es por Ti». 

-En las caídas, infidelidades, pecados., el Señor había dicho a Margarita María:

«Este Corazón será el reparador de todas tus faltas”. Ella lo repetirá sin cansarse: «Cuando caemos, debemos acudir a este divino Corazón, ofrecer al Padre una de las virtudes opuestas a nuestra falta, como por ejemplo, su humildad en vez de nuestro orgullo. Y tenemos que hacer lo mismo cuando vemos faltas en los demás». 

-Y al fin de la jornada:

«Por la noche pondré en este divino Corazón todo lo que haya hecho durante el día, para que Él purifique lo que haya de imperfecto en mis acciones, las haga dignas de hacerlas suyas y las ponga en su divino tesoro; le dejaré el cuidado de disponer de todo según su deseo». 

La consagración transforma toda la vida impregnándola de amor a Jesús: la oración, la Eucaristía, la relación con la Virgen, la aceptación del sufrimiento, de la cruz, el trabajo, las alegrías. Todo. 

Reparar el amor

Cristo es el único que puede realmente reparar. Él «se ha hecho pecado», en palabras de san Pablo, y se ha ofrecido al Padre por nosotros. Pero quiere asociarnos a su obra redentora. El Corazón de Jesús nos recuerda a través de santa Margarita María que debemos y podemos unir nuestras vidas a su sacrificio para reparar por Él, con Él, y en Él por nuestros propios pecados y los del mundo. 

En este sentido hay que entender la experiencia de la Cruz que ha vivido Margarita María, una experiencia muy especial, muy personal. Y la ha vivido en un amor profundo a su Señor, en la «comunión de los santos». 

San Pablo dice:

«Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo por su Cuerpo que es la Iglesia».

Y san Agustín comenta que nada falta a la Pasión de Cristo, como Cabeza de la Iglesia, pero esa Pasión se consuma, se realiza en su Cuerpo, la Iglesia. 

Y santa Margarita María escribe:

«Las cruces, los desprecios, las aflicciones son los verdaderos tesoros de los que aman a Jesucristo crucificado”. 

Porque:

«Es un gran bien que nos identifica con Jesucristo sufriente». Todo es por el amor. «Saquemos del tesoro de la Cruz para sufrir con amor «. «Los amigos del Sagrado Corazón saborearán sus amarguras». «El Señor da un valor incalculable a los sufrimientos unidos a los suyos».

Finalmente:

«No se puede amar sin sufrir: para un corazón que ama a su Dios y que quiere ser amado por Él, todas las cruces son preciosas. Procuremos, pues, hacernos verdaderas copias de nuestro Amor crucificado». 

«Un corazón que ama de verdad ¿puede quejarse de estar en la cruz o, mejor, en el Corazón de Jesucristo, donde todo se cambia en amor?»

Estas hermosas y profundas palabras nos dejan entrever la experiencia espiritual de santa Margarita María y explican su locura por la cruz. 

Y esta experiencia no es sólo para santa Margarita o para algunos amigos privilegiados del Señor. Recordemos que la llamada del Señor es para todos, todo cristiano experimenta la cruz. Ella no puede faltar en la vida de quien se consagra al Corazón de Jesús. 

Reparar es, por tanto, amar por los que no aman, amar más para suplir nuestra propia falta de amor. 

«Postrémonos largo rato ante Jesús presente en la Eucaristía, reparando con nuestra fe y nuestro amor los descuidos, los olvidos e incluso los ultrajes que nuestro Salvador padece en tantas partes del mundo». (Juan Pablo II, Mane nobiscum Domine) 

Pero es imposible amar a Dios sin amar a los hermanos. Escribe santa Margarita María:

» Le rogué en la oración que me diera a conocer el medio de satisfacer mi deseo de amarle. Y me hizo ver que no es posible demostrarle mejor nuestro amor que amando al prójimo por amor a Él y que debía ocuparme en procurar su salvación, siendo necesario que olvidara mis intereses para hacer míos los del prójimo». 

La espiritualidad del Sagrado Corazón 

La Iglesia reconoció la autenticidad del mensaje recibido por santa Margarita María y lo hizo suyo, dando lugar a una revolución en la espiritualidad moderna desde el siglo XVII. 

Una renovación de la vida eucarística 

Margarita María tuvo una experiencia excepcional de la presencia de Cristo en la Eucaristía. La mayor parte de las revelaciones del Sagrado Corazón tuvieron lugar en presencia de Jesús Sacramentado. El Señor le descubrió los secretos de su Amor. 

La Santa recomienda vivamente las visitas al Santísimo Sacramento, unir nuestra oración a la misteriosa oración de Jesús Eucaristía. Y nos propone esta invocación tan sencilla, para cuando estemos cerca del Señor, una invocación que nos recuerda algunas cosas ya dichas:

«Transfórmame en Ti”. » Ante el Santísimo Sacramento no podía hacer oración vocal… habría pasado días y noches enteras sin comer ni beber, ni saber lo que hacía, consumiéndome como un cirio encendido para retornarle a Jesús amor por Amor «. 

«Un día en que el deseo de comulgar me atormentaba, le dije a Jesús: «Enséñame lo que quieres que te diga», y como respuesta oí: «Di sólo: Dios mío, mi único y mi todo, Tú eres todo para mí, y yo soy toda para Ti»“. 

«Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento, que esta sed me consume y no encuentro a nadie que se esfuerce por saciarla para corresponder en algún modo a mi amor». 

«Es bueno entretenerse con Jesús, e, inclinados sobre su pecho, como el discípulo amado, ser tocados por el amor infinito de su Corazón; y permanecer así largo tiempo ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor». (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia).

Primeros viernes de mes 

«Me mandó comulgar todos los primeros viernes de mes para reparar los ultrajes que recibe en el Santísimo Sacramento”. Margarita María, en una época en que no era costumbre la comunión frecuente, lo cumplió siempre que sus superioras se lo permitieron. Pero esta petición es para todos los cristianos. 

«Te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a cuantos comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los sacramentos, mi Corazón será su asilo seguro en los últimos momentos». 

La Hora Santa 

En otra ocasión el Señor manifiesta a santa Margarita María:

» Todas las noches del jueves al viernes, te haré partícipe de la tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos. Te levantarás entre las once y las doce, y te postrarás una hora conmigo, ya pidiendo misericordia para los pecadores, ya para mitigar de algún modo la amargura que sentí al ver que mis apóstoles no habían podido velar ni una hora conmigo». «Sufrí aquí más que en el resto de mi Pasión, por verme en un abandono completo de cielo y tierra, cargado con los pecados de todos los hombres.

 De esta confidencia nace la práctica de la Hora Santa, que la misma Iglesia ha propuesto a los fieles, como escribió Juan Pablo II, siendo aún Cardenal, en Signo de contradicción:

«La Iglesia es quien busca sin cesar esta hora perdida en el Jardín de los Olivos, hora perdida para Pedro, Santiago y Juan. Para reparar esta deserción y esta soledad del Maestro que aumentó aún más su sufrimiento… Jesús nos permite, de alguna manera, volver a encontrarlo en esta hora transcurrida e irreversible, desde el punto de vista humano, convidándonos como antaño, a tomar parte en la oración de su Corazón que abrazó todas las generaciones de los hombres». 

La fiesta del Sagrado Corazón 

«. Te pido que sea dedicado el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día y reparando su honor.»

 Había dicho el Señor a santa Margarita María en la cuarta gran revelación. La Iglesia concedió la fiesta primero a la Orden de la Visitación y a algunas diócesis. En 1765 a Polonia, a petición de sus Obispos, y en 1856 a todos los países. 

Un mensaje de amor, de alegría, de misericordia 

Todo el Evangelio es una Buena Noticia que el mismo Señor quiere que se proclame: «Id por todo el mundo.» 

En Paray-le-Monial, Dios nos ha recordado el «inmenso misterio del amor misericordioso que brota del Corazón de Cristo». (Juan Pablo II, mensaje póstumo). Un Corazón que conoce nuestra miseria, se inclina hacia ella y ¡nos ama! Esta es la mayor alegría que puede inundar el corazón del hombre. Una alegría que no puede guardarse para sí, porque quien conoce y ama al Corazón de Jesús siente la necesidad de comunicarlo. 

El Papa Benedicto XVI, nos dice:

«El costado traspasado del Redentor es el manantial al que debemos recurrir, para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor. De este modo, podremos comprender mejor qué significa conocer en Jesucristo el amor de Dios, experimentarlo, manteniendo fija la mirada en Él, hasta vivir completamente de la experiencia de su amor, para poderlo testimoniar después a los demás». 

Y nada más ser elegido para la Sede de Pedro, en abril de 2005, nos exhortaba:

«Que Él ocupe siempre el primer lugar en nuestros pensamientos y en todas nuestras actividades». 

«En la alegría del Señor resucitado, confiados en su ayuda permanente, ¡vayamos adelante!» 

Alegría a la que la Santa de Paray-le-Monial nos exhorta con fuerza a todos nosotros:

«Os recomiendo sobre todo que estéis alegres, felices y contentos, pues esta es la verdadera señal del Espíritu de Dios, que quiere que le sirvamos con paz y alegría, no contrariados y de mala gana. Haced todas las cosas con un espíritu libre, en la presencia de Dios, con el único deseo de agradarle en todo lo que hagáis». 

«Procurad caminar siempre alegres en la libertad de los hijos de Dios». 

«Y decid con frecuencia: Si el Corazón de Jesús está conmigo, ¿qué me puede faltar?»

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COMUNICADO DE LA POSTULAZIONE

10/01/2022   
Se han registrado varias denuncias de reliquias del beato Carlos Acutis que no cumplen con los requisitos canónicos ni con la Instrucción de la Congregación para las Causas de los Santos sobre «Las reliquias en la Iglesia: autenticidad y conservación», del 16 de diciembre de 2017.
En particular, reiteramos que para que las reliquias sean auténticas deben llevar un sello de cera y un documento de autentificación con la firma del Postulador. Hay que asegurarse de que no han sido manipuladas o falsificadas.
Nadie más está autorizado a autentificar las reliquias de Carlos Acutis, haciendo una excepción del Obispo de Asís.
Además, le recordamos que las reliquias se conceden gratuitamente, sin ninguna cantidad de dinero a cambio.
Por ello, invitamos a los pastores de la Iglesia a estar atentos al fenómeno de las falsas reliquias, y pedimos la colaboración de sacerdotes, religiosos y laicos para denunciar los casos de fraude o abuso a la Postulación.
Agradecemos a todos los que nos ayuden a frenar un fenómeno tan desafortunado.
 

Dr.Nicola Gori
Postulatore della Causa.

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