Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy    DOMINGO 30 DE OCTUBRE  de 2022 «Lectio Divina»

“El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”

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Señor, no me abandones, Dios mío, no te quedes lejos de mí; apresúrate a venir en mi ayuda, mi Señor, mi Salvador.

Sal 37, 22-23 
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Audios originales tomados de: panversia.com

Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría     

Sb 11, 22-12, 2

Señor: 11:22 El mundo entero es delante de ti como un grano de polvo que apenas inclina la balanza, como una gota de rocío matinal que cae sobre la tierra. 23 Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan.

24 Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado.

25 ¿Cómo podría subsistir una cosa si tú no quisieras? ¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado?

26 Pero tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida, 12:1 porque tu espíritu incorruptible está en todas las cosas. 2 Por eso reprendes poco a poco a los que caen, y los amonestas recordándoles sus pecados, para que se aparten del mal y crean en ti, Señor.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo Responsorial

Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14

R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R/.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R/.

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Segunda lectura

Lectura de la Segunda Carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 

2 Te 1, 11-2, 2

Hermanos: 1:11 Rogamos constantemente por ustedes a fin de que Dios los haga dignos de su llamado, y lleve a término en ustedes, con su poder, todo buen propósito y toda acción inspirada en la fe.

12 Así el nombre del Señor Jesús será glorificado en ustedes, y ustedes en él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

2:1 Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos, 2 que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Evangelio

Lectura del santo evangelio según San Lucas

Lc 19, 1-10

 “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham”.

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En aquel tiempo, 1 Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos. 3 Él quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.

4 Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. 5 Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo:

«Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».

6 Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. 7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». 8 Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor:

«Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más».

9 Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, 10 porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Ddescubre de Jesús que es posible amar gratuitamente: hasta entonces era tacaño, y ahora se vuelve generoso

Nos ubicamos en Jericó, camino hacia Jerusalén, que fuera la puerta de ingreso a la tierra prometida de los israelitas salidos de Egipto, y conducidos por Josué (cf. Jos 6,1-21). Una especie de oasis antes de los últimos 25 km del desértico camino que sube a Jerusalén. Los personajes son Jesús y Zaqueo, éste con la profesión de jefe de los cobradores de impuestos o publicanos; como estatus social, era rico. El domingo anterior vimos que esta profesión de publicano era muy mal vista, con el agravante.

que es el jefe de ellos. La gente murmuró: “se va a alojar en casa de un pecador” (Lc 19,7). El evangelista insiste en que las riquezas son un obstáculo para la recepción del Reino de Dios: por ejemplo, el rico Epulón (cf. Lc 16,19), el hombre rico que se retira entristecido (cf. Lc 18,23); el “¡Ay de ustedes los ricos!” (Lc 6,24); la necesidad del campesino rico que proyecta llenar sus graneros (cf. Lc 12,16); la expresión: “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios! Sí, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios” (Lc 18,24-25).

Jesús camina buscando el encuentro con las personas especialmente los considerados como alejados de Dios, los publicanos, los enfermos (leprosos) para ofrecerles la misericordia y salvación de Dios. Encontraremos en el evangelio sobre el viaje, la riqueza, el deseo de ver, la inversión de valores, el encuentro, el hoy de la salvación, la identidad y la misión de Jesús. Nos centramos en el encuentro entre Jesús y Zaqueo y la dinámica narrativa del mismo, revelando progresivamente la identidad profunda de ambos. ¿Quién es Jesús y quién es Zaqueo antes y después del encuentro?

Zaqueo busca  ver a Jesús para saber quién es. Al descubrir quién es Jesús, también se descubre a sí mismo. Zaqueo aparece primero como jefe los publicanos y rico (condición social); de baja estatura, petiso (condición física); la gente lo califica como pecador (condición religiosa). Pero Jesús lo declara digno de ser visitado por Dios y salvado por ser “hijo de Abraham”. Luego del encuentro con Jesús, Zaqueo aparece como un cristiano que reconoce a Jesús como su Señor y a los demás, a los pobres, como hermanos a quienes debe ayudar.

«Al sentirse tratado como «hijo», comienza a pensar y a comportarse como un hijo, y lo demuestra redescubriendo a los hermanosBajo la mirada amorosa de Cristo, su corazón se abre al amor del prójimo. De una actitud cerrada, que lo había llevado a enriquecerse sin preocuparse del sufrimiento ajeno, pasa a una actitud de compartir que se expresa en una distribución real y efectiva de su patrimonio: «la mitad de los bienes» a los pobres. La injusticia cometida con el fraude contra los hermanos es reparada con una restitución cuadruplicada: «Y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo» (Lc 19, 8). Sólo llegados a este punto el amor de Dios alcanza su objetivo y se verifica la salvación: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa» (Lc 19, 9).»En fin, Zaqueo es un «perdido» que ha sido buscado, encontrado y salvado por Jesús (San Juan Pablo II, carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo, 2002). Jesús, siempre de camino o de paso, aparece al inicio como alguien que despierta la atracción y la curiosidad de la gente, incluido Zaqueo. Pero es Jesús quien toma la iniciativa de buscarlo (levanta la vista) y llamarlo. Él es quien quiere entrar en su casa, en la vida privada de Zaqueo. Ofrece su visita que, al ser aceptada y recibida con alegría, comunica la salvación de Dios a esa casa, a esa vida íntima. El encuentro personal con Jesús es un encuentro salvífico que hace presente, hoy, la salvación de Dios. Al ser confesado como Señor.

por Zaqueo, expresa su realidad divina (nombre de Yahvé). Jesús encarna la salvación de Dios la hace presente y operante, es el Salvador prometido y esperado por Israel (cf. Lc 1,68-71). En Jesús, Dios busca a la oveja extraviada (cf. Ez 34) para ofrecerle la salvación, que se alcanza reconociendo en Jesús al Señor.

Papa Francisco dijo en EG n°1: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.” Al pedido de Jesús a Zaqueo: “baja pronto”, significa “el que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado”. Es necesario subir para acercarnos a Dios, pero para encontrarlo hay que bajar hasta el fondo de nuestro ser, donde guardamos lo que nos avergüenza. Hasta el fondo de nuestra miseria baja Jesús para devolvernos la condición de hijos amados del Padre. Y hasta allí debemos bajar pronto nosotros para experimentar la alegría de ser reconciliados con él. Ya en el siglo IV, san Juan Clímaco con su Santa Escala y San Benito en su regla, enseñan que el ascenso a Dios es más bien un descenso por la escalera de la humildad.

La cima de esta escala coincide con la cima de la humildad y la exaltación que puede aportar en el futuro no se alcanza más que por medio de la humildad en la vida presente” (A. Louf). A. Vanhoye decía: “para despertar en las personas la conversión, es preciso manifestarles no desprecio, sino amor. Y Jesús demuestra amor por Zaqueo”. Papa Francisco en el Ángelus del 3 de noviembre de 2019: “Dios condena el pecado, pero trata de salvar al pecador, va en busca de él para traerlo de vuelta al camino correcto. Aquellos que nunca se han sentido buscados por la misericordia de Dios tienen dificultades para comprender la extraordinaria grandeza de los gestos y de las palabras con las que Jesús se acerca a Zaqueo… Tener al Señor allí, en su casa, le hace ver todo con otros ojos, incluso con un poco de ternura con la que Jesús lo miraba. Y su manera de ver y de usar el dinero también cambia: el gesto de arrebatar es reemplazado por el de dar… Zaqueo descubre de Jesús que es posible amar gratuitamente: hasta entonces era tacaño, y ahora se vuelve generoso; le gustaba acopiar, y ahora se regocija en el compartir. Encontrándose con el Amor, descubriendo que es amado a pesar de sus pecados, se vuelve capaz de amar a los demás haciendo del dinero un signo de solidaridad y de comunión”.

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