Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy JUEVES 3 DE NOVIEMBRE  de 2022 «Lectio Divina»

“Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta”

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 San Martín de Porres, religioso

Señor, no me abandones, Dios mío, no te quedes lejos de mí; apresúrate a venir en mi ayuda, mi Señor, mi Salvador.

Sal 37, 22-23
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Audios originales tomados de: panversia.com

Primera Lectura

Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses    

Flp 3, 3-8

Hermanos: 3 Los verdaderos circuncisos somos nosotros, los que ofrecemos un culto inspirado en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, en lugar de poner nuestra confianza en la carne, aunque yo también tengo motivos para poner mi confianza en ella.

Si alguien cree que puede confiar en la carne, yo puedo hacerlo con mayor razón; 5 circuncidado al octavo día; de la raza de Israel y de la tribu de Benjamín; hebreo, hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, un fariseo; 6 por el ardor de mi celo, perseguidor de la Iglesia; y en lo que se refiere a la justicia que procede de la Ley, de una conducta irreprochable.

7 Pero todo lo que hasta ahora consideraba una ganancia, lo tengo por pérdida, a causa de Cristo. Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo Responsorial

Sal 104, 2-3. 4-5. 6-7

R/. Que se alegren los que buscan al Señor

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas.
Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
Él gobierna toda la tierra. R/.

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Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Lucas

Lc 15, 1-10

El amor paterno y materno hará lo necesario para rescatar a la oveja perdida, al hijo que se aleja de los mandatos de Dios

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En aquel tiempo, 1 todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. 2 Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos».

3 Jesús les dijo entonces esta parábola: 4 «Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, 6 y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”.

7 Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».

8 Y les dijo también: «Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido”.

10 Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte».

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

El amor paterno y materno hará lo necesario para rescatar a la oveja perdida, al hijo que se aleja de los mandatos de Dios

“Martín era un mulato de Lima, hijo de un caballero español y una negra liberta. Ingresó con los Dominicos en Lima, y ejerció el oficio de enfermero durante toda su vida, siendo hermano lego (cooperador) en esa comunidad. Con simpatía y sencillez se dedicó a atender a los pobres y enfermos. Fundó el primer colegio para niños pobres de América. En su humildad, él se llamaba a sí mismo “Fray Escoba”. Murió en el año 1639, y todo el pueblo de Lima lo reconoció como santo. Es el patrono de los pobres, enfermos, barrenderos y de la justicia social” . Fue canonizado por san Juan XXIII en 1962.

(La Liturgia Cotidiana, 3/11/2021, pág. 27)

Estas dos parábolas nos enseñan que: a) Jesús da su gesto de perdón a los perdidos y, b) muestra el auténtico rostro de Dios sobre la tierra, un Dios que salva y crea, un Dios no indiferente. Los representantes de Israel caen en la murmuración y se resisten oponiéndose a la actitud de Jesús, se sienten orgullosos y seguros moralmente, se sienten dueños de la religión, no soportan que venga alguien a hablar de que Dios es de los otros, de las prostitutas, también de los enemigos, de los pecadores públicos. Jesús presenta el corazón misericordioso de Dios, rompiendo la estructura que les da seguridad humana a los fariseos y escribas.

Un pastor que ha perdido una oveja coloca a las otras ovejas en un lugar seguro y con muchísimo riesgo va a buscar a la que falta. Y al encontrarla, regresa con mucha alegría por encontrar a la oveja (su hijo) que se había perdido. Lo mismo pasa con la mujer que pierde su moneda, no se preocupa ni se ocupa de las que tiene consigo sino de la perdida, ilumina todo lo que puede y limpia todos los rincones de su casa hasta encontrarla. En las dos parábolas acontece lo mismo: el gozo, la alegría por encontrar lo que se había perdido. Qué alegría produce ayudar a quienes están en peligro y a los extraviados. El Evangelio manifiesta a Jesús como encarnación del perdón creador de Dios en medio de los seres humanos. Quien acoge con agrado y lleva en su vida esta actitud, acepta el perdón de Dios y se integra a facilitar esa misericordia divina. Por ende, quien rechaza el perdón divino, rechaza al mismo Dios que regala perdón. Dios, así como ama a los justos, también ama a los pequeños, a los perdidos, a los pecadores, a los extranjeros, a quienes no son considerados justos. Él hace salir el sol sobre buenos y malos. Y como todo papá, tendrá una mirada tan misericordiosa especialmente hacia aquel que tal vez no sigue las reglas, y viviendo alguna situación que no está bien. ¿Querrá el padre y la madre que su hijo se pierda para siempre? Obviamente que no. El amor paterno y materno hará lo necesario para rescatar a la oveja perdida, al hijo que se aleja de los mandatos de Dios. No existe en la vida una categoría más alta que ser hijos, es lo más grande que puede existir en referencia a los padres. Por tanto, ser hijo de Dios es lo más grande que nos pudo haber pasado en la vida. Al orar el Padrenuestro, hagámoslo sintiéndonos profundamente hijos amados y mimados por nuestro Padre Dios quien derrama su amor incondicionalmente hacia nosotros.

Por tanto, Dios se revela, se manifiesta como ese Amor que busca lo que está perdido, Él perdona y hace nuevas todas las cosas, recrea la vida de la persona que se ha descarriado; como Él es Papá, ofrece la gracia del perdón y la oportunidad de una vida nueva; la mayor alegría de Dios está en ayudar a quienes se extraviaron o en peligro de perdición. Los grandes confesores siempre expresaron que los regalos más maravillosos y que les dieron muchísima alegría fueron dar la absolución a personas que estaban en pecados muy graves y por mucho tiempo; poder ver el arrepentimiento y la conversión de los pecadores llena de alegría al confesor. Lo mismo para cualquier persona, si hace tanto tiempo no le tiene a alguien muy amado cerca, verle sumida en situaciones que ofrece el mundo, y que cambie de vida, sea de vuelta la persona cercana y alegre, genera una alegría impresionante.

El Evangelio se define desde la revelación de amor, pues encontramos a Jesús quien se presenta como la “Encarnación” del perdón en medio de la humanidad, que restaura la vida de los pecadores, Él mismo muestra en carne propia ese amor que perdona hasta a los verdugos, hasta a los enemigos (y como nos dio ese mandato, la medida que usamos, es la que se usará con nosotros; por tanto, esperamos que sea la misericordia). Los fariseos y escribas no aceptan esa actitud, y así, rechazan en definitiva a Dios y a su Enviado nuestro Señor Jesucristo. A éstos les cuesta entender que Dios nos amó primero (1 Jn 4,10), y como es puro Amor, no puede sino sólo amar siempre y a todos.

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