Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy DOMINGO 27  DE NOVIEMBRE de 2022 «Lectio Divina»

“Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada”

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Santa María Virgen Inmaculada de la Sagrada Medalla

A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío, yo pongo en ti mi confianza. Que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí, mis enemigos. Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse.

Sal 24, 1-3
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Audios originales tomados de: panversia.com

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías

Is 2, 1-5

Palabra que Isaías, hijo de Amós, recibió en una visión, acerca de Judá y de Jerusalén: 2 Sucederá al fin de los tiempos que la montaña de la Casa del Señor será afianzada sobre la cumbre de las montañas y se elevará por encima de las colinas. Todas las naciones afluirán hacia ella 3 y acudirán pueblos numerosos, que dirán;

¡Vengan, subamos a la montaña del Señor, a la Casa del Dios de Jacob!

Él nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus sendas».

Porque de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén, la palabra del Señor. 4 Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra.

¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo Responsorial

Sal 121

R/. Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios». R/.

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor,
nuestro Dios, te deseo todo bien. R/.

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Segunda Lectura

Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Romanos

Romanos

Hermanos:12Demos gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos. 13 Porque Él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido, 14 en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados. 15 Él es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, 16 porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, principados y Potestades: todo fue creado por medio de Él y para Él. 17 Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en Él. 18 Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. Él es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que Él tuviera la primacía en todo, 19 porque Dios quiso que en Él residiera toda la Plenitud. 20 Por Él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

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Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo

Mt 24, 37-44

Entonces el peligro no está tanto en los enemigos poderosos, en las persecuciones o recibir tratos hostiles, sino en lo que anestesia el corazón, el consumismo, que le lleva a la persona a ser indiferente y no involucrarse con las necesidades del hermano”

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 37 Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. 38 En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; 39 y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.

40 De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. 41 De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.

42 Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. 43 Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. 44 Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Entonces el peligro no está tanto en los enemigos poderosos, en las persecuciones o recibir tratos hostiles, sino en lo que anestesia el corazón, el consumismo, que le lleva a la persona a ser indiferente y no involucrarse con las necesidades del hermano”

Adviento”, adventus, significaba la primera visita oficial de un personaje importante con motivo de su llegada al poder o de la toma de posesión del cargo. En el culto refería a la venida anual de la divinidad a su templo para visitar a sus fieles. Entonces es una llegada, una venida, una presencia. Para el cristiano, el eje organizador de todo este tiempo litúrgico del adviento es la venida del Señor, su llegada, su Presencia. Con la palabra “adviento” se quería decir que Dios está entre nosotros, no se retiró del mundo, nunca nos dejó solos y, además, viene a visitarnos de distintas maneras. Los protagonistas son, en primer lugar, Dios, quien viene a nosotros; y los hombres, invitados a prepararse para recibir esta visita de Jesús motivándonos a movernos a salir a su encuentro en esta Navidad. Invitación a estar en vigilante espera del Señor.

El que viene es el mismo que ya vino: es la doble venida del Señor (cf. prefacios de Adviento). La primera, en la humildad de la carne; la segunda y definitiva, en la gloria. Es la esencia de la liturgia y del misterio cristiano. “Toda celebración litúrgica lleva consigo tres dimensiones: el pasado, en un presente, para un futuro. El adviento nos da ocasión casi material de percibir la superposición, una en otra, de estas tres dimensiones. Es el tiempo ideal para entrar plenamente en la teología vivía de la liturgia” (A. Nocent). A esta doble venida corresponden las dos dimensiones de la espera: de la Navidad y de la Parusía, que la liturgia del Adviento tiene que proponerlas juntas.

Tanto la primera lectura como el evangelio refieren a la venida de Dios al fin de los tiempos como juez. Isaías lo presenta de modo esperanzador, describiendo la exaltación de Jerusalén como centro del mundo y lugar de peregrinación de todas las naciones. El evangelio, como algo amenazador, por su carácter imprevisto e inesperado, y la separación (tomar a uno y dejar a otro), refiere a la acción judicial de Dios. «En la configuración de los edificios sagrados cristianos, que quería hacer visible la amplitud histórica y cósmica de la fe en Cristo, se hizo habitual representar en el lado oriental al Señor que vuelve como rey –imagen de la esperanza–, mientras en el lado occidental estaba el Juicio final como imagen de la responsabilidad respecto a nuestra vida, una representación que miraba y acompañaba a los fieles justamente en su retorno a lo cotidiano. En el desarrollo de la iconografía, sin embargo, se ha dado después cada vez más relieve al aspecto amenazador y lúgubre del Juicio, que obviamente fascinaba a los artistas más que el esplendor de la esperanza, el cual quedaba con frecuencia excesivamente oculto bajo la amenaza». (Benedicto XVI, Spes Salvi nº 42).

En cada Adviento la Iglesia pone al cristiano en situación vital de esperanza: debe esperar, vinculado a todo el AT, la llegada del día final. Esa espera traspasa toda nuestra vida en todas sus dimensiones, por ejemplo, esperar el nacimiento de un bebé, esperar que llegue un pariente querido o amigo que viene luego de mucho, o si nos darán un trabajo luego de una entrevista, cuando suplicamos a alguien que nos perdone, o la respuesta a un gesto importante a la persona amada. En fin, ¿qué esperamos? Es modelo la espera de Israel, propuesta por el profeta Isaías, para un encuentro definitivo con Dios donde todas las naciones vivirán en paz. El pueblo cristiano espera lo mismo. Invitación a desear y esperar esta venida con entusiasmo. El evangelio y la segunda lectura, nos advierten del peligro que acecha nuestra vida cristiana si perdemos de vista ese encuentro definitivo con Dios. Es un peligro sutil, porque no es sólo no hacer algo malo, sino dejarse atrapar y enceguecer por las múltiples actividades en el día a día. Entonces el peligro no está tanto en los enemigos poderosos, en las persecuciones o recibir tratos hostiles, sino en lo que anestesia el corazón, el consumismo, que le lleva a la persona a ser indiferente y no involucrarse con las necesidades del hermano. Santa Ángela de Foligno decía: “El hombre, como ve, así ama”, es decir, si nuestra mirada se abre a lo trascendente, a la presencia de Dios, así será nuestro amor. Ese tono amenazador del evangelio es un recurso pedagógico para invitarnos a estar siempre vigilantes y preparados para el día final, dado su carácter sorpresivo e inesperado; “la iniciativa de Dios de visitar a su pueblo y de establecer su morada entre nosotros exige al discípulo un corazón preparado para vigilar” (Card. C. Martini).

Vigilar también es estar atento al prójimo, a sus dificultades y necesidades, sin que nos esté pidiendo ayuda. Es estar en un estado de prevención y de salida al encuentro de Cristo que viene desde el hermano que necesita. San Pablo nos habla explícitamente de la cercanía de la salvación y de la necesidad de estar despiertos. Se trata, en primer lugar, de tener una fe viva y una esperanza activa. Esta realidad del fin del mundo nos mete a descubrir y asumir los límites de nuestro mundo y nuestra vida, de nuestras actividades y ocupaciones. Sin desvalorizar lo que hacemos, se nos invita a no absolutizar lo cotidiano: “Tú nos enseñas a amar y adherirnos a los bienes eternos, mientras peregrinamos en medio de las realidades transitorias de esta vida” (prefacio postcomunión). Despertar esta esperanza trascendente, teologal, es la gran dificultad y gran desafío. El hombre postmoderno vive más de lo inmediato conformándose con ello. Su horizonte no traspasa el consumo, viéndose notar en la forma de vivir y celebrar la Navidad en todas las clases sociales. ¿Cómo responder a este desafío? Despertando la nostalgia de lo trascendente, de lo eterno que está en cada corazón, del deseo de paz. Como nos pasa a fin de año, esperando lleguen las vacaciones, para estar tranquilos y en paz. Esa paz con sabor a eternidad proponemos que ya se puede estar gustando en esta vida. “No es verdad en absoluto que la eternidad aquí abajo sea sólo una promesa y una esperanza. ¡Es también una presencia y una experiencia!” (R. Cantalamessa). En conclusión: a despertarse, a estar más atentos a Dios y a su obra en nosotros, que quiere interpelarnos para querer encontrarnos con el Señor

Liturgia para el Primer Domingo de Adviento: se enciende la primera vela de la corona

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