Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy  LUNES 28    DE NOVIEMBRE de 2022 «Lectio Divina»

“No soy digno de que entres en mi casa””

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Santa Catalina Labouré

Escuchen, naciones, la Palabra del Señor, anúncienla en las costas más lejanas. No teman: ahí está su Salvador.

Jer 31, 10; Is 35, 4 
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Audios originales tomados de: panversia.com

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías

Is 4, 2-6

Aquel día, el germen del Señor será la hermosura y la gloria de los sobrevivientes de Israel, y el fruto del país será su orgullo y su ornato. Entonces, el resto de Sión, los sobrevivientes de Jerusalén, serán llamados santos: todos ellos estarán inscritos para la vida en Jerusalén.

Cuando el Señor lave la suciedad de las hijas de Sión y limpie a Jerusalén de la sangre derramada en ella, con el soplo abrasador del juicio, él creará sobre toda la extensión del monte Sión y en su asamblea, una nube de humo durante el día, y la claridad de un fuego llameante durante la noche. Porque la gloria del Señor, en lo más alto de todo, será un reparo 6 y una choza, para dar sombra contra el calor durante el día, y servir de abrigo y refugio contra la tempestad y la lluvia.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo Responsorial

Sal 121, 1-2.4-5.6-7.8-9

R/. Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R/.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios». R/.

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien. R/.

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Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo

Lc 21, 29-33

  “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.”

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En aquel tiempo, 5 al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole: 6 «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente». Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo».

8 Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: «Ve», él va, y a otro: «Ven», él viene; y cuando digo a mi sirviente: «Tienes que hacer esto», él lo hace».

10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 11 Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Dios no se puede reducir a salvar sólo a unos pocos, sino a todos quienes le reciban como Mesías, a todos los que crean en Él y vivan como creyentes.”

Hoy iniciamos el novenario en honor a la Virgencita de Caacupé. Se nos propone reflexionar el tema sobre el “Encuentro personal con Jesucristo: fundamento de la vida cristiana”. Toda nuestra vocación parte del encuentro con Jesucristo, vivo y encarnado en nuestra realidad, pero particularmente en nosotros mismos. Dios ha tomado la iniciativa de venir a nuestro encuentro, como lo hizo con los discípulos, con la samaritana el joven rico, Zaqueo, la mujer adúltera, con Marta, María y Lázaro, el discípulo amado, Pedro, entre tantos. Jesús se presenta como el Dios cercano, misericordioso, que generaban una buena noticia para los demás, generando alegría por donde haya ido. Pues, “con Cristo nace y renace la alegría” (EG 1).

Todo inicia en el gran amor de Dios hacia la humanidad (cf. Jn 3,16), quien envía a su Hijo para encarnarse y habitar entre nosotros (cf. Jn 1,14). El encuentro por antonomasia, pues ahí están sintetizados todos los encuentros de todos los tiempos.

Así lo hizo a lo largo de su vida, durante su paso por la carne humana, y por donde Él pasa, todo se transforma, nada queda igual. Va haciendo nuevas todas las cosas, transformando cada realidad por donde pasase. Y lo sigue haciendo de distintos modos, a través de los sacramentos, en su Iglesia, a través de los hermanos más pobres y necesitados, a través de los acontecimientos de la vida, que pasan a ser los signos que nos hablan de la presencia de Dios que permanentemente viene a nuestro encuentro, dando esperanza y alegría, invitando a la vigilancia permanente, porque nos prepara para el encuentro definitivo en donde contemplaremos el rostro de Dios, cara a cara.

Este segundo relato milagroso del evangelio de hoy evidencia cómo un no judío, es decir un pagano, respeta la primacía del pueblo elegido (Israel) dentro de la historia de la salvación, pero también que esa salvación se abre más allá de las fronteras del mismo Israel. Dios no se puede reducir a salvar sólo a unos pocos, sino a todos quienes le reciban como Mesías, a todos los que crean en Él y vivan como creyentes. El pagano suplica por la salud de su servidor y lo hace con todo el corazón.

La fe del oficial romano (o centurión) se nos presenta como modelo a seguir porque es la respuesta que debe tener un creyente ante un milagro. Le dice a Jesús: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará”. Se manifiesta el poder de Jesús, al pronunciar su Palabra, como es viva y eficaz, produce en la realidad lo que dice, porque en lo que dice está su voluntad. Dios no habla por hablar, al decir, acontece en la realidad aquello que dice. No hizo falta que Jesús estuviese físicamente en el lugar, como Él es Señor del cielo y de la tierra, no existe nada ni nadie más poderoso a su Persona y su Palabra. Sabemos que la fe requiere el sacrificio de renunciar a sí mismo, la inmolación del propio yo, de tal modo a que se pueda aceptar plenamente a Dios, sacrificio que debe ser entero, no a medias. Una confianza total en el Absoluto, en Dios. La falta de fe o la poca fe, hicieron que Jesús no obrara muchos milagros en esas condiciones, es como que opaca el canal de la Gracia para que llegue bien a destino, porque Dios siempre respeta nuestra libertad. Había entre los descendientes de Abraham (los judíos) como una falsa seguridad, lo que impedía en ellos el libre desarrollo de una fe personal y mucho más comprometida. Nos puede pasar a cualquiera que estemos tan seguros sea por el servicio que hacemos, o por las oraciones de todos los días o por ayudar a tanta gente, sin embargo, es importante siempre mirar lo más profundo del corazón de la persona para entender hasta dónde confía y cree en el Señor y no sólo en sus propias fuerzas.

Entonces, la fe del centurión pagano superó a la de los judíos, aunque ellos eran los miembros del Pueblo de Dios. Lo mismo para nosotros, los cristianos, somos un Pueblo de Dios consagrado, por tanto, tenemos mayor responsabilidad que las personas que no forman parte de este Pueblo. Sería triste y humillante si nuestra fe y caridad fueran superadas por personas que no fueran elegidas por el Señor. Aunque en la historia se puede constatar que muchas conversiones se han dado e incluso personas que provenían del mundo pagano, confiaban más en el Mesías que los propios miembros del Pueblo de Dios, quienes han sido llamados por el mismo Dios para seguirlo y vivir como discípulos siempre.

Nadie puede resistirse a tanto amor. ¿A qué nos lleva este texto? A confiar en la eficacia de la acción mesiánica que da cumplimiento a las promesas que se hicieron antiguamente e impulsa a quienes reciben el favor de dicho cumplimiento en ser servidores dando la vida por amor. Jesús hizo muchísimos milagros, acciones extraordinarias que no tenían explicaciones con las leyes naturales, es decir, eran claramente intervenciones sobrenaturales. Pero atención: el objetivo no es hacer show, sino suscitar la fe. El interés de Jesús no está en llamar la atención de la gente, sino en que haya arrepentimiento de la vida anterior y empezar una nueva vida con el amor de Dios, convertidos, girados totalmente hacia Dios, fuente de felicidad. Cuando vemos estas acciones de Jesús, confirmamos que tenía un gran liderazgo humano, pero estaba lleno del Espíritu Santo, siendo Él mismo el cumplimiento de la Ley y los Profetas, entonces obraba desde su dimensión divina a favor de quienes realmente necesitaban. Aunque ciertamente también para que conozcan quién es Dios y para qué vino al mundo. Jesús toma sobre sí nuestros dolores por su propio sufrimiento expiador. Jesús vino no sólo a dar un sentido redentor a nuestros sufrimientos, sino a tomar sobre sí la expiación de nuestros pecados. Vino para curar nuestras enfermedades todas, pero principalmente las del alma, asumiendo la responsabilidad ante el Padre de pagar por nuestros pecados, siendo nuestro Redentor, el Salvador

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¡Viva María!

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