Lecturas del día y Reflexión al Evangelio de Hoy  LUNES 9 DE ENERO DE 2023 «Lectio Divina»

«Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

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EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Ya viene el Señor del universo y trae en sus manos la realeza, el poder y el imperio.  

Mal 3, 1; 1Crón 29, 12
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Audios originales tomados de: panversia.com

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías

Is 42, 1-4.6-7

Aquí está mi siervo, a quien sostengo,
mi elegido, en quien me deleito.
He puesto en él mi espíritu
para que traiga la justicia a todas las naciones.
No gritará, no levantará la voz,
no hará oír su voz en las calles,
no acabará de romper la caña quebrada
ni apagará la mecha que arde débilmente.
Verdaderamente traerá la justicia.

No descansará ni su ánimo se quebrará,
hasta que establezca la justicia en la tierra.
Los países del mar estarán atentos a sus enseñanzas.

«Yo, el Señor, te llamé
y te tomé por la mano,
para que seas instrumento de salvación;
yo te formé, pues quiero que seas
señal de mi alianza con el pueblo,
luz de las naciones.
Quiero que des vista a los ciegos
y saques a los presos de la cárcel,
del calabozo donde viven en la oscuridad.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo Responsorial

Sal 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10

R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R/.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magníficaa. R/.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R/.

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Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo

Mt 3, 13-17

«Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo»
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En aquel tiempo, Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!».

Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo».

Y Juan se lo permitió.

Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él.

Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN

Hemos recibido el Espíritu Santo que nos ha ungido como apóstoles y testigos de Jesús, como sus discípulos misioneros”

“Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido”. Por el Bautismo, Cristo se hace presente en nuestras vidas, para atraer a la fe y al amor a quienes nada o muy poco saben de su misericordia y su paz.

La fiesta del Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad, de ahí que debemos celebrarla en continuidad con la solemnidad del Nacimiento del Niño. En el Bautismo se verifica el admirable intercambio celebrado en la Navidad. El Verbo de Dios, quien al manifestarse en la realidad de nuestra carne se hizo semejante a nosotros en lo exterior, nos transforma interiormente (oración colecta); y Jesús al entrar en el agua, quiso lavar los pecados del mundo (oración sobre ofrendas); nosotros fuimos hechos hijos adoptivos por el agua y el Espíritu Santo, y este nuevo bautismo en el Jordán ha sido señalado con signos admirables (cf. prefacio). En la Navidad se dijo: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). La Palabra Eterna del Padre asumió la condición humana y vino a habitar en nuestro mundo. Con esta obra infinita de amor, Dios cumplió y superó lo que había anunciado a su pueblo Israel: Jesús es la Palabra personal del Padre, el Hijo de Dios, declarado con la voz celestial diciendo que es Su Hijo amado.

El Bautismo del Señor es una fiesta de Epifanía, es decir, de manifestación. En Oriente el icono del Bautismo del Señor, que es uno de los iconos cultuales bien determinados, es el icono de la Gran Teofanía, pues en el Bautismo se proclama la divinidad de Cristo y por lo mismo se da testimonio de la Trinidad. En la Natividad se manifiesta Cristo en el ámbito humilde de Belén. La Epifanía es la manifestación a los gentiles. El Bautismo es la manifestación de la unción de Cristo, la manifestación absoluta de la divinidad de Cristo en la Trinidad” (R. Grandez).

Nos dice el Papa Francisco: «celebrando la Navidad, la fe una vez más nos ha dado la certeza de que los cielos se han desgarrado con la venida de Jesús. Y en el día del bautismo de Cristo todavía contemplamos los cielos abiertos. La manifestación del Hijo de Dios sobre la tierra marca el inicio del gran tiempo de la misericordia, después que el pecado había cerrado los cielos, elevando como una barrera entre el ser humano y su Creador. ¡Con el nacimiento de Jesús los cielos se abren! Dios nos da en Cristo la garantía de un amor indestructible. Desde que el Verbo se ha hecho carne es posible ver los cielos abiertosY es posible también para cada uno de nosotros, si nos dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado por primera vez en el Bautismo. ¡Dejémonos invadir por el amor de Dios! ¡Éste es el gran tiempo de la misericordia! No lo olviden: ¡éste es el gran tiempo de la misericordia!» (Ángelus 12 de enero 2014). Juan Bautista dijo que el que viene luego de él bautizará con el Espíritu Santo, pues estará lleno, ungido, del Espíritu que desciende sobre Él y lo conduce en  su misión: “Tú quisiste expresar, con signos admirables en el río Jordán, el misterio del nuevo bautismo, para que, por tu voz celestial, se manifestase que tu Palabra habitaba entre los hombres, y, por el Espíritu, que bajó en forma de paloma, se reconociera que Cristo, tu servidor, había sido ungido con el óleo de la alegría y enviado a evangelizar a los pobres” (prefacio de la fiesta). La teofanía que sigue al bautismo nos vincula con el misterio de la Santísima Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, quienes se hacen presentes. La relación de la persona de Jesús como Hijo con el Padre y el Espíritu es Eterna, pero desde la Encarnación ha entrado en el tiempo y se manifiesta en el tiempo incluyendo ahora a la humanidad de Jesús. En Navidad estaba su familia humana: María y José. Hoy se manifiesta su Familia Trinitaria: el Padre y el Espíritu en comunión con el Hijo hecho hombre en Jesús.

Jesús recibe el Espíritu Santo y la declaración de amor de su Padre. Es el principio y fundamento de la vida de Jesús como Hijo de Dios: saberse amado por el Padre, saberse aprobado por el Padre que se complace en Él. Ahí está la libertad interior y afectiva de Jesús; no mendiga amor ni aprobación humana porque ya lo tiene en plenitud del Padre. Jesús recibe el amor personal del Padre: el Espíritu Santo; es ungido por el Espíritu, de ahí que su vida tendrá la libertad que da el Espíritu Santo para conducirle en su misión. Descubramos sentirnos amados y aprobados por el Padre, quien es el principio y fundamento de nuestra vida y fuente de nuestra libertad interior y afectiva.

Este día también recordamos nuestro bautismo cristiano: así como revivimos en nosotros la Navidad, que revivamos nuestro bautismo en esta fiesta. Desde nuestro Bautismo, somos hijos adoptivos del Padre en su Hijo Jesús; y se complace en nosotros, como se complació en Él. Se nos comunica la vida de hijos de Dios, que «se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Benedicto XVI, Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). El Papa Francisco en el ángelus del 12 de Enero de 2020 decía: «En la fiesta del Bautismo de Jesús redescubrimos nuestro bautismo. Así como Jesús es el Hijo amado del Padre, también nosotros, renacidos del agua y del Espíritu Santo, sabemos que somos hijos amados ― ¡el Padre nos ama a todos! ―, que somos objeto de la satisfacción de Dios, hermanos y hermanas de muchos otros, con una gran misión de testimoniar y anunciar a todos los hombres y mujeres el amor ilimitado del Padre”. Hemos recibido el Espíritu Santo que nos ha ungido como apóstoles y testigos de Jesús, como sus discípulos misioneros..

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