Evangelio de hoy sábado, 4 de diciembre de 2021

«Rogad (…) al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies»

Texto del Evangelio (Mt 9,35-10,1.6-8): 

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis».

"Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los  enfermos que haya en ella" - Evangelio - COPE

Rev. D. Xavier PAGÉS i Castañer (Barcelona, España)

Hoy, cuando ya llevamos una semana dentro del itinerario de preparación para la celebración de la Navidad, ya hemos constatado que una de las virtudes que hemos de fomentar durante el Adviento es la esperanza. Pero no de una manera pasiva, como quien espera que pase el tren, sino una esperanza activa, que nos mueve a disponernos poniendo de nuestra parte todo lo que sea necesario para que Jesús pueda nacer de nuevo en nuestros corazones.

Pero hemos de tratar de no conformarnos sólo con lo que nosotros esperamos, sino —sobre todo— ir a descubrir qué es lo que Dios espera de nosotros. Como los doce, también nosotros estamos llamados a seguir sus caminos. Ojalá que hoy escuchemos la voz del Señor que —por medio del profeta Isaías— nos dice: «El camino es éste, síguelo» (Is 30,21, de la primera lectura de hoy). Siguiendo cada uno su camino, Dios espera de todos que con nuestra vida anunciemos «que el Reino de Dios está cerca» (Mt 10,7).

El Evangelio de hoy nos narra cómo, ante aquella multitud de gente, Jesús tuvo compasión y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,37-38). Él ha querido confiar en nosotros y quiere que en las muy diversas circunstancias respondamos a la vocación de convertirnos en apóstoles de nuestro mundo. La misión para la que Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo requiere de nosotros que seamos sus continuadores. En nuestros días también encontramos una multitud desorientada y desesperanzada, que tiene sed de la Buena Nueva de la Salvación que Cristo nos ha traído, de la que nosotros somos sus mensajeros. Es una misión confiada a todos. Conocedores de nuestras flaquezas y handicaps, apoyémonos en la oración constante y estemos contentos de llegar a ser así colaboradores del plan redentor que Cristo nos ha revelado.

Ciudad Redonda

Jesús es la manifestación del reinado de Dios, por eso Él recorre las ciudades y las aldeas predicando con autoridad y haciendo palpable los efectos de esa predicación a través de las curaciones. Es evidente que la razón de ser de toda la vida de Jesús es dejar claro a todo el mundo que el reino de su Padre ha llegado, que es una buena noticia capaz de transformar la realidad. Jesús no se queda inmóvil frente al sufrimiento de la gente, siente compasión y vive con intensidad la misión de predicar, enseñar y curar, es decir, de transmitir vida a quienes les hace falta. Jesús inicia este movimiento del Reino, pero es consciente que su tarea debe ser continuada, por eso llama a sus apóstoles, les llena de su autoridad y los envía a predicar y a realizar nuevos signos que hagan presente el Reino de su Padre.

Nosotros somos los nuevos apóstoles, que hemos recibido el envío misionero de Jesús y hemos sido investidos de su poder contra el mal. ¿Cómo vives esta dimensión apostólica de tu vocación cristiana? Nuestro mundo de hoy necesita escuchar, ver y sentir la presencia de Dios; sigue habiendo multitudes extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor. Nos toca orar como Jesús para que nunca falte en nuestro mundo personas que como él dediquen su vida entera a hacer presente el Reino del Padre con palabras, gestos y acciones. Pero no sólo orar, que no es poco, también nos corresponde proclamar, curar, resucitar, es decir, dar gratis lo que hemos recibido gratis. No podemos quedarnos quietos, ni ser mezquinos. El que ha sido tocado por el amor, el que ha experimentado que el Reino es real y está presente en su vida y en la historia no puede vivir sino como vivió su Maestro. Que este tiempo de adviento nos permita ser más conscientes de lo mucho que hemos recibido del Señor porque sólo así estaremos dispuestos a vi ir entregados sin cálculos. Conjugaremos los verbos de Jesús: amar, orar, servir, anunciar, curar, resucitar…

El Periódico de México | Versión para imprimir | Columnas-VoxDei | «Sabed,  con todo, que el Reino de Dios está cerca»

Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Para una mies abundante son pocos los trabajadores. Al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio quienes se dediquen a anunciarlas. Rogad también por nosotros, para que nuestra voz no deje nunca de exhortaros»

(San Gregorio Magno)

«El mundo no es un conjunto de penas y dolores. Toda la angustia que exista en el mundo está amparada por una misericordia amorosa. Quien celebre así el Adviento podrá hablar de la Navidad feliz, bienaventurada y llena de gracia»

(Benedicto XVI)

«Con el Credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando: ‘Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre’»

(Catecismo de la Iglesia Católica, nº 456)

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