Reflexión al Evangelio de hoy y Lecturas del día, Miércoles 22  de junio de 2022 «Lectio Divina»

“Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego”

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San Paulino de Nola, Obispo (ML).

Santos Juan Fisher, Obispo, y Tomás Moro, Mártires (ML)

Aniversario de la beatificación de María Felicia de Jesús Sacramentado (Chiquitunga) 

El Señor es la fuerza de su pueblo, el baluarte de salvación para su Ungido. Señor, salva a tu pueblo y bendice a tu heredad, apaciéntalo y sé su guía para siempre.

Sal 27, 8-9

 

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Audios Originales tomados de: https://panversia.com/

Primera lectura de hoy

Lectura del segundo libro de los Reyes          

2 Reyes 22, 8-13; 23, 1-3

Por aquel entonces, 22:8 el sumo sacerdote Jilquías dijo al secretario Safán: «He encontrado el libro de la Ley en la Casa del Señor». Jilquías entregó el libro a Safán, y este lo leyó. 9 Luego el secretario Safán se presentó ante el rey, y le informó, diciendo: «Tus servidores han volcado la plata que se encontraba en la Casa y se la entregaron a los que dirigen las obras, a los encargados de supervisar la Casa del Señor». 10 Luego el secretario Safán anunció al rey «Jilquías, el sacerdote, me ha dado un libro». Y Safán lo leyó delante del rey.

11 Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras, 12 y dio esta orden a Jilquías, el sacerdote, a Ajicam, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, a Safán, el secretario, y a Asaías, el servidor del rey: 13 «Vayan a consultar al Señor por mí, por todo el pueblo y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que ha sido encontrado. Porque es grande el furor del Señor que se ha encendido contra nosotros, ya que nuestros padres no han obedecido a las palabras de este libro y no han obrado conforme a todo lo que está escrito en él».

23:1 El rey mandó que se reunieran junto a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Luego subió a la Casa del Señor, acompañado de todos los hombres de Judá y de todos los habitantes de Jerusalén –los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño al más grande–, y les leyó todas las palabras del libro de la Alianza, que había sido hallado en la Casa del Señor.

3 Después, de pie sobre el estrado, el rey selló delante del Señor la alianza que obliga a seguir al Señor y a observar sus mandamientos, sus testimonios y sus preceptos, de todo corazón y con toda el alma, cumpliendo las palabras de esta alianza escritas en aquel libro. Y todo el pueblo se comprometió en la alianza.

P/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor
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Salmo responsorial del día

Libro de los Salmos

Sal 118, 33. 34. 35. 36. 37. 40 

R/. Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos

Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos,
y lo seguiré puntualmente. R/.

Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón. R/.

Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo.  R/.

Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés. R/.

 Aparta mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra.  R/.

Mira cómo ansío tus mandatos:
dame vida con tu justicia. R/.

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Evangelio de hoy miércoles 22 de junio de 2022

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN San Mateo (Mt 7, 15-20)

“Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos”

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 15 tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?

17 Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. 18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos. 19 Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. 20 Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.

P/ Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús
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MEDITACIÓN

“La Iglesia, la comunidad de Jesús, se compone de buenos y malos”

“Paulino era poeta y político, fue cónsul en Roma y luego gobernador de Campania. Se casó, tuvo un hijo y se trasladó a España. Allí se bautizó en el año 390 y, tras la muerte prematura de su hijo, vendió su patrimonio y se ordenó sacerdote. Ayudó a los peregrinos y socorrió con amor a los pobres. Juan Fisher fue doctor en teología y canciller de la Universidad de Cambridge. Siendo obispo de Rochester y confesor de la reina Catalina de Aragón, mujer de Enrique VIII, se enfrentó con el rey cuando este se separó de la Iglesia. Tomás Moro fue abogado, profesor de Derecho y padre de cuatro hijos biológicos y de una hija adoptada. Fue escritor, diputado, juez y canciller de Inglaterra. Renunció a este último cargo cuando él y Juan Fisher se opusieron a que Enrique VIII se autoproclamara ‘cabeza de la Iglesia de Inglaterra’. Por esta postura, ambos fueron condenados a la pena de muerte”

(La Liturgia Cotidiana, San Pablo, Paraguay, 22/06/2022, pág. 67).
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Los profetas auténticos (no falsos) son aquellos que no tienen malas intenciones con nadie. Siempre están buscando lo mejor para todo miembro del rebaño que Dios le encomendó, incluso si reciben a cambio persecuciones o contrariedades en la vida. Estarán obrando con transparencia y sinceridad en todo momento, así como el mismo Jesús había obrado durante su paso por nuestro mundo. Jesús invitaba y llamaba a todos. La Iglesia, la comunidad de Jesús, se compone de buenos y malos. Desde esta realidad, que se hizo patente rápidamente por las experiencias amargas desde sus inicios, fue necesario recurrir a principios de discernimiento o discreción de espíritus. Principios importantes, aunque parezcan muy elementales.

La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios. De ahí que en ella aparecieron los profetas y gozaron de gran estima. Pero también al lado de los profetas verdaderos, quienes viven dentro del misterio de Dios y comunican su Palabra, aparecieron y aparecen siempre los profetas falsos. Por ello, era necesario establecer un principio de discernimiento. El principio que aclara siempre serán los frutos que se dan desde las actitudes y acciones de los “profetas”.

Tenemos presente que la imagen del árbol aparece en varios pasajes bíblicos; el pueblo de Dios es comparado con árboles y plantas (cf. Is 61,3; Jer 2,21; Mt 15,13; Jn 15,1.8). Si tenemos un árbol bueno, sus frutos también serán buenos, pero si es malo, sus frutos serán malos. Lo que nos indica el principio de la unidad del ser humano y sus obras. Al analizar a lo largo del sermón de la montaña se insiste en distintas ocasiones, en que el corazón nuevo, aquel hombre nuevo regenerado totalmente por la fe, produce siempre frutos nuevos. En el texto de hoy, de los frutos se deduce la naturaleza del árbol, es decir, de las obras realizadas se deduce qué clase de persona tenemos delante de nosotros.

El texto del evangelista Mateo no nos precisa qué clase de frutos se produce. Existen otros textos, como en Gál 5,22, que se mencionan los frutos particulares. En otras ocasiones se dicen dichos frutos de manera genérica (cf. Jn 15,1ss.). Aunque también un falso profeta puede ser utilizado por Dios para la transmisión de su Palabra (cf. Núm 22-24), como sabemos del caso de Balam, pero ciertamente es una excepción. No se puede tomar una excepción a la regla como regla general, porque en la generalidad de los casos los frutos reflejan la calidad del árbol o de la persona. De ahí que es necesario establecer siempre criterios adecuados de discernimiento que nos ayuden a no equivocarnos en opciones de escuchar y hacer lo que un falso profeta nos esté orientando.

Si en tiempos de Jesús alguien que servía o estaba consagrado podría llegar a ser un falso profeta, sabemos que esto también pasa en nuestros días.

Por tanto, es fundamental que nos examinemos si nosotros somos verdaderos o falsos profetas. Si un cristiano consagrado a Dios y comprometido con la instauración de su Reino, es verdadero profeta, hablará con su Palabra y con su vida en nombre de Dios. Pero si la apariencia no corresponde con la vida interior, entonces es un falso profeta, que se presenta como un signo, pero en realidad no lo es. Y eso puede llevar a los anti testimonios que confunden, desorientan y escandalizan a nuestro pueblo de Dios, por ello la advertencia del Señor: cuídense de los falsos profetas. Fijémonos en las obras, en los frutos de la persona que se presenta como un profeta de Dios, para que nuestro discernimiento sea correcto y agradable a Dios con la decisión que se tome.

La falsedad o hipocresía, el aparentar sin serlo; lo prefabricado e inauténtico, es lo que más está en contra del Evangelio. Sabemos que el cristiano debe ser un verdadero testigo del Señor, y lo ideal es que todos lo vean de esa manera, pues esa autenticidad es lo que interpelará la vida de los demás y el Señor se valdrá de eso para generar las conversiones. El ser y aparecer como tal, es lo que hace verdadero a un profeta, que le llevará a tener una fuerza que sólo le vendrá de Dios y hablará siempre a través suyo. Lo que llegará a convencer a muchas personas serán los frutos. Pero los frutos de santidad serán los que mostrarán al discípulo del Señor que se dedica y entrega por entero a nuestro Dios.

Como este viernes 24 se celebra la Solemnidad del Sagrado Corazón (por ello se adelanta la Solemnidad de san Juan Bautista al 23 de junio), esta noche ya estaremos recordando las vísperas de la Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista. El nombre del niño Juan no será elegido por sus padres, sino por el mismo Dios. Juan significa “el Señor hace misericordia”. Será el precursor, el que preparará el camino para que reciban al Mesías, el gran mensajero que anunciará la llegada del Mesías enviado por Dios, según anunciaron los profetas. Como Isabel y Zacarías son justos (por cumplir con la Ley de Dios), reciben este regalo a pesar de que sean ancianos e Isabel sea estéril, pues para Dios nada hay de imposible (cf. Lc 1,37).Se ve claramente la mano de Dios, aunque Zacarías haya dudado por un momento, sin embargo, acontecerá la manifestación y concreción de la obra de Dios. Juan será la expresión de la penitencia y, Jesús, de la Gracia, para que el Evangelio cale en el corazón de la persona..

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